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sábado, 21 de septiembre de 2013

¿Un ramito de violetas?

Las dos mujeres salen a conocer la ciudad. Una de ellas viste un conjunto de colores tenues, como si ese atuendo tuviera sólo un fin utilitario; la otra, por estar transcurriendo los primeros días de primavera, se ha arriesgado a lucir un vestido de falda amplia y acampanada.
Como las grandes capitales, Madrid seduce y no deja de asombrar a quienes la recorren. El sol y el calor de su gente elogian la  Puerta del Sol, repleta de personajes típicos, de vendedores insistentes, de fotógrafos junto al oso y el madroño y destacan, sobre todo, los gigantes y los cabezudos, que representan la historia de España y el espíritu de su pueblo, en los trajes de las comunidades y sus bailes. Es la fiesta de San Isidro Labrador;  en la semana celebrativa del santo de la ciudad, hay danzas, zarzuelas, verbenas, títeres y arte callejero en todos los distritos. ¿Un ramito de violetas, señoritas?
Por Preciados caminan las dos. "Boludas y boludos" by Elena Hernández, en una acera, ofrece indumentaria para jóvenes. "La colcha de tu madre", por su parte, cubrecamas, ropa de cama y por supuesto, colchas, en la acera de enfrente. Todo esto las hace pensar, como cholulas argentinas, que esos locales son propiedad de argentinos radicados en la madre patrria. Es tanta la admiración que, cuando una ráfaga imprevista desde el norte le levanta la pollera hasta taparle la cara, ella protege sus piernas con pudor. Sübitamente, después los pliegues del vestido se alzan hasta la cabeza; esta vez no hay forma de evitar la exposición.
-¡Miren, chavales, parece que Marylin Monroe camina por Preciados! - y ellas corren para mezclarse entre la multitud de la plaza.
Hay calles que aluden al verde, y hacen honor a la vida. "Verde que te quiero verde", y no está el granadino. Las acacias, Laurel, Huertas, La Montera, Hortaleza, de la Palma, Alameda. Las plazas, el Parque del Retiro, todo respira verde, donde los niños juegan, las damas pasean, los viejitos toman el sol, los españoles cautivan con su simpatía y los poetas, a cada paso, te recitan un poema desde las estatuas.
Ellas no entran allí donde las puertas se cierran, en una iglesia, en la catedral de la Almudena, ni por el Paseo de los Recoletos, donde circulan las devotas. El verde y elsol dan vida; desde casi todos los rincones parecen develarse los enigmas y los personajes que recorren Madrid, parecen emerger como fantasmas que pronto se convertirán en leyenda.
-¿Dónde es posible degustar buenos pinchos y tapas?
-Por esta zona no, es para "guiris".
Y entonces ellas van barriendo todo el espectro y buscan unos ojos negros encendidos que las acarician con sólo verlas y se sumergen en el bullicio del atardecer.Van al tapeo, donde "hay marcha" y brindan por la vida, con un vino de copa madrileño y con una caña acompañados por una bocata y un pincho de tortilla.
En La Latina les parece ver a Sabina y a Chavela Vargas con un tequila cad uno y, del brazo, auguran "que todas las noches sean noches de boda". Allá, por la calle del Desengaño, esta vez, ven o imaginan a Almodóvar con "la dama del poncho rojo" desgranando la canción de las simples cosas o tal vez "Piensa en mí", los colores vivos manifiestan una sensibilidad de pleno optimismo..."ya ves que venero tu imagen divina"" ¿son ellos? O tal vez, las creencias y las fantasías humanas "tu párvula boca que siendo tan niña"... Son ángeles y demonios con las urgencias más íntimas... "me enseñó a pecar". En un instante se desengañan. No son ellos y les parece oír unos tacones lejanos que desafían a las sensaciones por sobre las razones.
Pasan de Malasaña a La Chueca y las banderas del arco iris flamean con descaro. Concha Buika está cantando "El último trago" que recuerda también ahí a la Chavela que se tiró el último tequila y decidió morir. Su alma sobrevuela en el ambiente y lleva a la Frida Kahlo de sus desveos, tomada de la mano, por la Puerta del Angel.
Los bares de flamenco y los tablaos están todavía adormecidos. Descansan para florecer con todo el salero y la altivez. Pero en el Teatro del Rialto, el ballet nacional flamenco presenta la ópera "Carmen", que no se la van a perder. En Madrid sorprenden los brotes y el aroma de las violetas. Así se renuevan los mitos, esos que brotan y renacen, como las flores en cada primavera.





jueves, 5 de julio de 2012

Hasta me había cogido cariño.

En la barra de madera lustrada y lisa (tantos parroquianos se habían acodado ahí para matar las penas), un gitano en una punta, y un compadrito en la otra. El primero mira al otro y luego de apurar la copa, se acerca con paso lento y dubitativo. Antes, se asegura que el varón recio y engominado no lo vaya a rechazar también. No está dispuesto a aceptar otro nuevo fracaso. Los tengo vistos a estos especímenes.
El boliche ya está quedándose solo; los mozos van subiendo las sillas sobre las mesas cuadradas, no sin antes repasar con la rejilla húmeda, las manchas de café o de copas. Se han retirado ya las mujeres y esos sub-hombres de mala muerte, que suelen concurrir al bar; han cerrado la puerta de entrada y ya comienzan a barrer todo el salón.
-Te vi y no más pensar. No te lo vas a creer. Este chulo ha recibido un mogollón, igualito al mío.
-Tenés razón, pibe, y no me voy a cabrear. Siempre hay un roto para un descosido. Si se te ve en la jeta, nomás -Se alisa las crenchas, lo mira desafiante y vacía la ginebra de un solo trago. -¡Eh, José! -llama mi atención y señala con el dedo el vaso vacío, para que lo vuelva a llenar.
-De momento, que estoy pa' chascos nomás, te voy a decir que soy un tontaina y un gillipollas, y que se me suelta la lengua cada vez que tomo un par de copas -el último ajenjo ha dejado en el vaso un jugo verde como la hiel.
-Metele nomás, purrete, que ya te juné de entrada. Desembuchá -prende otro faso con el pucho todavía humeante, que casi rebalsa del cenicero de vidrio cachado. Otro de chapa de la marca de un fernet, se enfría también repleto.
-¡Fíjate que si ha llovido...! que mucha agua ha corrido debajo del puente, que ni hoy que es viernes me he ido de putas. Esta última bronca con la Lola me ha dejao así - se señala las tristes pilchas, el "funyi" entre las manos, arrugado y maltrecho -que hasta me duele la tripa, te digo.
- Si no es la tripa, será el bobo, porque pa' esto del amor... creo que es una pena de amor, es ahí adonde se te hace un "struncio". Seguro que es un berretín. Ya va a pasar, porque a las minas les gusta hacernos "estrolar" y después disfrutar de sólo vernos, como piltrafas, como zaparrastrosos. Asi estoy yo, pero ahora no te voy a contar.
-Estoy fatal. Es que las tías son de la hostia. ¡Joder! -para darse ánimo pide otra copa.Y yo, que la veía venir, ya estoy presto con el porrón de ginebra, atrás del mostrador.
-Vivíamos en un bulín hace como dos años. Bueno, pues, ya te digo, y estábamos de puta madre los dos, porque fijate, hasta me había cogido cariño y yo me había propuesto vivir con ella hasta los restos. Pero ahora, ¿qué tía va a enrollarse conmigo, así como me ves?
-Algo así me pasó con la Fany -un gordo lagrimón comienza a caer por la cara lampiña y cae en un periquete. Da un puñetazo brutal, hasta hacer tintinear el botillerío expuesto en la estantería. Y eso lo digo yo, que me dieron ganas de asestarle un mamporro, hasta dejarlo muermoso, pero no. Un cantinero tiene que atender bien a sus clientes, y tenerles la vela.
-Hay mucho chulo de vida estrecha, mucho bocazas, mucho cabrón suelto, y le fueron con el cuento. Que yho andaba con una guarra de ésas del estriptis y que después, entre polvo y polvo... y luego,.. -entonces se calla y no me puedo contener.
-Una verdadera putada -le digo.
-Dale, viejo, convidanos con una caña. No amarroqués más, que esto se está poniendo posta. Vos sos mi gomía, no?
-Hay que tener cojones pa' aguantar. Me preocupé por lavarle la cara a la pieza cochambrosa donde vivíamos. Me pirrraba para vivir mejor. Que bocatas de gallinejas, una tortilla, unos pescaítos fritos... ¡Qué gloria bendita!  Todo me costó un huevo y parte del otro, hasta que me fui quedando sin un puto duro y anora... vamos por el culo.
-Cuando empiezan las broncas, te empezás a mosquear -agrego un bocadillo, mientras les lleno las copas.
-Hasta que la sangre llegó al río -el compadrito enfila pal ñoba. Yo sé que no va a poder embocar y me va a chorrear todo de meos, y después hay que tirar criolina pa' desinfestar.
-No, nunca llegó al río. Que dormir sola es igual que no tener nada, decía y yo la follaba despacito, y no le alcanzaba -El gitanillo tiembla y llora a moco tendido. Entonces les alcanzo dos fecas.
-¡Pues, quita de ahí! -grita - Ruina total. Yo sé que lo hizo aposta. Empezó a ponerse como bandera y a salir. Na' que no tiene palabra, ni seso, ni nada adentro, y decía que yo era un tacaño y un celoso...
-Ya sé cómo sigue la historia -el temblinque del malevo hace vibrar el aire. Aunque creo que éste es un cafiolo, porque de su dedo meñique, el que levanta para tomar el café, brilla un oropel -A mí también me pasa algo parecido. Mal de muchos, consuelo de tontos.
-De tanto cariño que le tenía, empecé a cogerle manía. ¡Hay que tener cojones!... de pura coña que es, se le olvidaron las agujetas, se convirtió en un pedazo de bruja, una arpía. QUé más te puedo decir. Todo eso ya me lo sudaba... y se enrolló con un chavalejo forrado de pasta, de esos fotógrafos que andan en las corridas de toros.
-Fin de la historia- me apuro a decir -José, llevá a estos dos hasta la puerta y ponele tranca. El olor de aserrín y kerosene va impregnando el salón. eo por la ventana que los dos van del bracete, sosteniendo sus penas por el medio de la calle mojada. Ahora se  paran a descansar junto a la farola de luz mortecina.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La señora del piso 12º.

Ella siempre me buscaba. Y yo también. Cada semana, salía del mercado empujando el carro con provisiones y otras menudencias, repleto de comestibles y bebidas, artículos de limpieza (¿qué tanto tendrá que limpiar?, me preguntaba) y muchos artilugios para destacar su belleza. Casi siempre enfundada en un traje ajustado de pantalones negros y remera con grandes escotes, yo sé que, detrás de los modernos anteojos de sol, me buscaba, con esos ojos negros chispeantes, y se quedaba parada en la playa de estacionamiento.
El viento de la tarde arremolinaba sus cabellos negros lustrosos y la llovizna fina iba empapándola. Sus curvas y sus prominencias se hacían más sobresalientes. Dos botones ateridos resaltaban debajo de su remera. Un imán me atraía hacia esos pechos y con pasos apurados, llegaba yo, con la impaciencia y con la exaltación del adolescente, que ya no era.
-¿Dónde te has metido, chavalejo? Apurémonos, que nos mojamos. Coge esto y acompáñame a mi piso.
-Es que estoy trabajando...
-Es que na'! Trabajarás en mí, te lo aseguro. Mi marido ha salido de viaje, y ... ná, pensé en tí, argentinito! - y yo también pensé que las españolas no se andaban con chiquitas.
Por el Paseo de la Castellana, el tráfico se ralentaba, mientras la lluvia se hacía cada vez más espesa. En el semáforo próximo, me miró con pasión y sin anteojos, y sé que con ternura y curiosidad. Extendió su mano hasta la rodilla más cercana y me acarició la entrepierna. En silencio, ambos íbamos imaginando lo que vendría después.
Estacionó su coche en el garaje del edificio y en el ascensor ya fue incontenible la compostura. La tomé por la cintura. Mis manos grandes podían rodearla, casi hasta cerrarse en su contorno. Acaricié los pezones mojados y sus caderas se movieron en compás sensual hacia mí, con lentitud, mirándome con provocación, hasta pegarnos en un largo beso de lenguas pegajosas, al momento que nos deteníamos en el piso 12º.
Lujoso, coqueto y moderno. Así calificaría su morada. No pude admirar con detalle la ornamentación, porque en el instante, ella fue sacándome la camisa. Sobre una mesa ratona había una nota que ella leyó de reojo, y yo también.
-Señora; he dejado todo tal como lo ordenó y he retirado el dinero que me ha dejado. Soledad.
Me llevó de la mano casi corriendo hacia la cama cuadrada; cuando comencé a despojarla de sus ropas, me detuvo.
-Deberías hacer caso omiso a mis cicatrices, y no te impresiones. ¡Vale? -dijo secándose la prótesis de su pecho izquierdo -Desde que me operaron, mi esposo ya no me folla. Y yo necesito un hombre. Ése, eres tú, moreno.
El fuego quemaba nuestros cuerpos y nada de eso importó. Ella se entregaba a mí, salvaje y audaz. Comandaba su plan y yo, la dejaba hacer. Cumplía como un soldado sus órdenes.
-Ahora mi espalda, y anda diciéndome en auténtico argentino las palabras soeces que vosotros dicen. ¡Anda!
En esos menesteres andábamos ("putita", "calentona", "culito"), cuando comencé a percibir una presencia, un perfume que no era la fragancia de ella. Alguien, desde el vestíbulo había puesto una sinfonía árabe.
-¡Ala!. Ven ahora, Soledad. Acá estamos bien encuerados y no te quedes ahí solita, envidiándonos. Ven con nosotros, que todo lo compartimos -dijo, y supe que era Soledad, la empleada que se acercaba sólo con el impecable delantal de mucama, alta, de tacones rojos, sensual, observándonos desde sus ojos gris acero, con la lascivia de su lengua palpitante.
Y nos fundimos los tres en una orgía de placer sin par.
-Ahora vete, niño, que ya has cumplido espléndido tu rol. En ese sobre está tu paga -me ordenó.
Y yo, que hubiese querido descansar sobre las sábanas de seda entre las dos, la morena de caderas portentosas, y la pelirroja angelical y diabólica, me levanté como un guerrero que sale de la trinchera, cuando se apagaban los últimos estertores. Las miré y se entrelazaron, ya dormidas. 
Guardé en mi chaqueta el sobre sin mirar su contenido, prendí un faso y me fui silbando el Tango Julián.

jueves, 22 de marzo de 2012

¿La distancia es el olvido?

Había leído la carta de su madre y pensó que perdería, finalmente, a esa chica.
Se había preocupado porque sus aseveraciones podrían complicarlo en su condición de argentino refugiado en España; podría haber interceptaciones en la correspondencia. Ni las hijas de doña Ida, ni Sofía, la bailadora y repositora del mercado, lograron hacelo olvidar a Adriana.
Ellas son toda pasión; se entregan con total desenfado, sin exigir nada a cambio, como si sólo bastara con aliviar una necesidad biológica, y ya! Se van así como llegaron a su cama maltrecha. Ruidos de resortes desvencijados, revuelo de sábanas manchadas y almohadones casi mojados, y después lo dejan solo.  En la soledad más absoluta. En las cuatro paredes del empapelado húmedo, los faunos, unicornios y talismanes del amor, empiezan a desprenderse en una burla interminable.
El llanto callado de Carlos se confunde con la fina llovizna que rozaba las ventanas que dan a la calle. Quizás el dolor de la tristeza del alma y de la soledad, no se disipa ni en compañía, ni en el barullo de las fiestas, ni en el deambular por las calles entre gente desconocida. O tal vez, sea la resaca de una noche en que apuró las copas, sin consuelo, para zambullirse entre unos pechos tibios que se ofrecen, simplemente, para calmar el ardor que le viene de adentro de su juventud lujuriosa. Morfología de la seducción, que provoca el alcohol y el desenfreno.
Llora quedo una angustia que se acongoja en el pecho; una pena amarga que se acumula hasta doler. No está bien visto. Y, (aunque no lo vean) deja caer las lágrimas. Como un tango triste y nostalgioso. 
Afuera, las guitarras españolas acompañan el canto. Una soleá que habla del jardín del amor, donde se marchitan las flores.
Busca releer la carta de su amigo Alberto: "Adriana anda con ese tipo que..." y recuerda cómo ese forastero en la ronda de los egresados, se inmiscuyó entre todos y lo separó de ella.
Y ahora..."Es un viejo! Yo lo vi de día, y es medio pelado, barbudo y tiene canas"

sábado, 24 de septiembre de 2011

¿Qué es Edafología? (continuac. de Madrid, 25 de marzo...)

Despacio, por los senderos espaciosos, a Carlos no le resultó complicado llegar a destino: la calle Profesor Aranguren. Iba pensando cómo sería ese ambiente, tan diferente al suyo, en el que se había movido "como pez en el agua" -decía. La escuela técnica, el 6º año fue el último escaño en su escolarización; lo más académico fue la concreción de una budinera de chapa repujada, que le regaló a su madre, un panel para colgar herramientas en el garaje, para su padre, unos platos de madera torneados, para su tío José, y una rosa recortada en madera de paraíso, para Adriana, que ella aceptó con gestos de aparatosa displicencia.
-Si no estudiás, a trabajar! -le había dicho don Amadeo.
-Acá no mantenemos vagos -había reforzado la idea de su marido, doña Olga, de pañuelo anudado en la cabeza y brazos en jarro. La recordaba también,  secándose el sudor con el delantal a cuadros, de dudosa pulcritud.
A su vez, iba practicando el discurso que haría al presentarse en casa de la prima, hablando solo y gesticulando por las veredas; las chicas que leían al sol, lo miraban con extrema atención, por tener aspecto de forastero; imaginaban, tal vez, que ese muchacho robusto y muy varonil de cejas negras y obcecadas, era un actor que haría un unipersonal en el Paraninfo, el próximo sábado.
Ninguna de las palabras y los gestos ensayados le salieron al conocer a Angeles.
-¡Pues, pasa, hombre! -Angeles era una gurrumina de 1.50 m de estatura, delgada, bastante fea y con un lunar negro en medio de la frente, pero simpática.
-Éste es el primo de Argentina del que te hablé -lo presentó a su amiga Luna, de cabellos lacios y mirada ausente, tras unos anteojos de marco oscuro.
-¿Así que estudiás?
-Sí. Edafología.
-¡Ah!, explicame qué es eso -la otra, la amiga hizo un mohín despreciativo, la vio de reojo.
-Es una rama de las ciencias del suelo que estudia su composición y naturaleza, en relación con las plantas y el entorno. Todo en la superficie de la corteza terrestre -le dijo en tono académico, y él no alcanzaba a comprender.
-Porque yo sólo tuve contacto con el tierral del campito donde hacíamos los picaditos, pura polvadera  y gritos atrás de la redonda -iba haciendo sus relaciones con el suelo y su contexto, a su manera.
-¿Y para qué sirve? ¿Adónde vas a trabajar?
-Ya pronto me recibo y creo que voy a quedar contratada en definitiva en el Parque Botánico, acá cerca.-"conchabada", pensó él.
Se fue bastante más pronto de lo imaginado. Carlos había pensado que el encuentro con la hija de su tía de España, que es la hermana de su mamá, iba a ser memorable. El conocimiento de los dos, de casi la misma edad,  iba a fortalecerse con el contacto cotidiano, o al menos, cercano, por los lazos de sangre. Iban a ser compinches, soñaba. Corretear esas calles de Madrid, la Gran Vía, el Barrio de las Musas... pero no, no hubo pizca de identificación. Ella se relaciona mejor con el suelo y con las plantas, y él, es experto en la relación con las personas de toda casta, en particular, los no universitarios.
-¿Y si me hubiera presentado como un bravucón insolente y despreciativo? -enseguida desechó la idea -"Cuando el hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál, su careta" -como un proverbio lo decía en voz alta. Él es un muchacho de talante compasivo y tierno con los desvalidos y los marginales, con los tahúres del hipódromo y con toda clase de chavalejos de mal vivir.
Había pensado buscar trabajo en el bajo, ese barrio obrero, el más castizo de Madrid, para ganarse la vida honestamente. No tenía ninguna intención de caer en la Modelo, la cárcel de Carabanchel.

martes, 20 de septiembre de 2011

En el subsuelo, vértigo y náuseas (continuac. de "Madrid, 25 de marzo..."

Ayer me dispuse a recorrer la ciudad, y entre otras cosas, conocer a mi porima Angeles; como es tan lejos el sitio donde vive, tomé el metro en Antón Martín. El plano decía que tenía que ir hasta enganchar con el ramal circular que va hasta la ciudad universitaria. Se imaginan "un pajuerano" de Rosario en esta gran ciudad? Fue como recorrer el inframundo o el purgatorio permanente.
Lo interesante de andar en subte es que po´des mirar las caras de los viajeros; están los que se conocen todo, que leen el diario de parados y por el ruido que hace el coche, ya saben dónde tienen que bajar; están los desorientados que van mirando el plano del metro de Madrid y, alternativamente, los nombres de las estaciones; están los vendedores ambulantes que te acosan vendiendo chucherías; están los ciegos, o los que se hacen; están los niños pedigüeños; están los viejos libidinosos que "las apoyan" a las lolitas ...
-Viejo verde! Ahí tenés, pa' que tengas -un sonoro cachetazo se oye entre gritos y vociferaciones.
Están las gitanas cargosas y vengativas, si no aceptás que te adivinen la suerte... en fin, la fauna urbana, de lo más variada.
No quise distraerme con la gitana, porque no podía concentrarme en mirar por dónde andaba; los nombres no me resultaban conocidos, como Tirso de Molina, Alonso Cano, Bilbao...
-No quiero, no me moleste! -le dije a la gitana gorda y desgreñada.
-Pues, ya te adelanto que tendrás una vida negra, y pronto te vas a morir, pero de amor, que es la peor manera de morir! -me contestó.
Y yo, que estaba un poco nervioso porque no quería permanecer más tiempo en el subsuelo, ya sentía vértigo y náuseas, ésas del encierro, me puse a pensar en Adriana, de Rosario, que me dejó medio tarado. Entonces leí "Cuatro caminos". Rápido bajé porque ahí tenía que hacer el enganche con el otro ramal, sólo dos estaciones más.
Al fin salí apurado, no tanto porque me ahogaba y la claustrofobia, y eso, sino por los empujones de los que salían como escupitajos hacia el exterior, a cielo abierto.
Caminaba rumbo al sitio donde vive mi prima y el respirar ese aire puro, entre los árboles y los caminos prolijos, me vinieron imágenes de las calles de mi barrio, en Rosario, el parque Independencia, el boulevard Oroño y los plátanos añosos... y la calle Pichincha, cuando al salir del taller me sacaba el overol grasiento, me lavaba los sobacos y las manos, ni me peinaba porque tenía la cabeza rapada por prescripción militar, y agarraba esas yecas de Dios...
Pero bueno, haber si la encuentro a esta prima, porque cuando uno anda medio nostalgioso, y rodeado de gente extraña, tenés ganas de conversar con alguien de tu sangre, aunque más no sea.

lunes, 19 de septiembre de 2011

A la hora de la siesta, el sol madrileño.

Madrid no se detiene, ni a la hora de la siesta. A Carlos le da lástima gastar su tiempo cerrando los ojos y perdiéndose de mirar todo lo que puede ver para asombrarse, a cada rato.
Hay abuelos lanudos y encorvados debatiendo en todos los asientos de las plazas.
-¡Pues sí, antes te casabas pa' toda la vida!
-Ahora se casan y se descasan como así, como uno se cambia el calzón, de vez en cuando.
-Vi en la TV lo de la nueva ley de divorcio, pero no pude escuchar más, porque la Carmela me sacó el control a distancia pa' ver la novela. ¿Puedes tú creer eso? Y eso que cumplimos ya las bodas de oro.
Decide que está bueno sentarse en la Plaza del Angel, y comer algo, un yogur y un kebab árabe que compró al paso, por la calle de las Delicias. Deja a su lado, en el banco, el cartón grasiento y piensa qué adelantados están en España con el tema de la contaminación. Ya no dan más bolsitas de plástico, son de papel. Se encandila por el sol y por los ojos de una niña larguirucha y pálida que palmotea en frente de él, para sacarlo de sus reflexiones.
-¡Ala, hombre! que la basura se deposita en aquellos recipientes. Sácala, pa' que me siente.
Le hace lugar, y la observa en silencio, mientras engulle su bocata. Entre mordisco y mordisco le dice que se llama Sofía, y que trabaja como repositora en el Hipercor, que no es el mismo donde Carlos pide propinas.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Madrid, 25 de marzo de 1979.

Alberto, amigo:
                        Como verás, ya me encuentro en Madrid. Sabés que hace tiempo estaba queriendo salir de Argentina, desde que me echaron de la tornería. ¿Seguís trabajando con ese capanga? Tuviste suerte que no te agarraron a vos durmiendo entre los fierros del depósito. También te habrás enterado de todos los tramiteríos que hubo que hacer; el tío José, que es abogado, me dio una buena mano, pero allá uno no podía soportar más, una malarial, viejo!... Fue como una premonición para decidirme,  cuando vi en la tapa de la revista "Humor": "Prohibido mirar, hablar, escuchar..."
Bueno, pero para qué te voy a contar. Mejor te digo cómo estoy acomodándome en esta ciudad que es muy "cojonuda". Acá también te controlan todo para dejarte ingresar. Primero, el aeropuerto de Barajas, un mundo, che!. Además de los dólares que llevaba para mostrar que tenía "pasta" para permanecer, tenía una carta de mi prima Angeles, que es de Badajoz, pero vive acá en Madrid, en la ciudad universitaria, porque está estudiando Edafología (todavía no sé lo que es eso). Los tiras miraron la carta y no me sirvió de nada, pero sí prendió la carta de la tía Josefa, la viuda que vive en Pamplona, invitándome a visitarla, porque hay posibilidades de heredar parte de sus propiedades. El tío Joaquín tenía un campito y se dedicaba a la cría de cochinillos, pero espichó. Cuando se habló del tema, mi prima de Figueroa, que es más ignorante que yo, se pensó que se dedicaban a la cría de chinchillas, y ya se imaginaba vestida con pieles!
Sigo, porque cuando me contestes me contarás cómo te va a vos en Rosario. Como un judío errante, arrastrando mis bártulos, busqué algo barato para vivir, pero todo es tan caro!. Al final, conseguí una pieza en la calle Huertas, bastante céntrico, no tan caro (24 euros) y cerca del Museo del Prado y la estación de Atocha. Se llama "Vetusta", y la dueña es una viuda muy vetusta, que quiere decir vieja, pero tiene unas hijas que están re-buenas. ¿Viste lo que se habla del destape español? Estas minas están re -calientes, apenas te ven por los pasillos, se levantan la remera y te muestran las tetas, redondas y suavecitas. Y no te podés hacer el distraído... lo que pasa es que fueron muchos años de taparse, de vestirse con ropa oscura, y de no mirar a los hombres. ¡Uy, viejo!, imaginate si viviéramos juntos, la de jodas que nos mandaríamos, ¿no? A propósito, cómo está la flaquita Adriana, ¿la ves? Contame después. Me tenía bastante perdido con sus "que sí, que no, que después". Abajo del hotel hay varios bares de tapas y pubs adonde concurren los chulos del barrio y muchos extranjeros de paso, y otros, como yo, que están descubriendo recién la ciudad. También hay tascas de "chamberil", como le dicen, que son baratas y va gente ordinaria, pero te divertís a lo loco, no sabes!.
Para pagar la pensión y comer, por ahora, trabajo en el estacionamiento de un hipermercado. Te pagan unas chirolas por cargar la mercadería en los coches de los clientes. ¡Unos coches de puta madre!
Mañana, que me tomo franco, voy a agarrar un subte para ir a ver a mi prima Angeles, que vive cerca de la Moncloa. Te imaginarás que todavía no vi a los reyes, creo que viven por ahí... Averiguaré también qué carajos es eso de la Edafología.
Bueno, amigo. Espero que ésta te llegue pronto y que escribas contándome de tus cosas.
Un abrazo.
                    Carlos.