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viernes, 8 de diciembre de 2017

Ojos verdes

Ojos verdes como la albahaca, dice la canción y es tal cual. Miro esos ojos y me sumerjo entre los plantíos de albahaca. Huelo, a bocanadas, el refrescante y botánico olor de mi amado.
Como la albahaca, él es piel salina y es sabroso, suave al tacto, macizo cuerpo de untuosos músculos. Me dejo llevar. Mi mano se desliza por toda su anatomía fuerte. Nos embriagamos con el excitante aroma a albahaca y ahora es áspero sabor de sus labios sedosos, hasta que los cuerpos quedan exhaustos de amor y reposan.
Ese olor relaja los músculos de los amantes que yacen en silencio. El verde de sus ojos está tornándose azul intenso, cuando la noche los cubre.

Ya es hora de preparar la cena. Hoy, un rico pesto con albahaca, ajo, aceite de oliva, nueces y queso. La pasta está servida. ¡A recuperar energías!

domingo, 14 de mayo de 2017

Paroxismo

Siente a lo largo de la espalda cómo los dedos de él le recorren vértebra por vértebra, cómo unas yemas suaves le redondean caricias circulares, cómo unos pellizcos pequeñitos le sacuden la cintura, cómo, al darse vuelta, somnolienta, un beso tibio le templa el ombligo, cómo unas manos despejan su cabellera abundante para ver su cuerpo de luna, cómo esas manos fuertes presionan sus caderas, cómo una marea de aguas cálidas le inunda la piel, cómo una corriente eléctrica le sacude las extremidades, hasta las uñas, cómo sus piernas primero aprietan y después se aflojan, cómo su centro se precipita en lentas gotas de placer y se adormece, cómo se detiene todo su cuerpo de melocotón, hasta brillar, como relucen en primavera las flores del duraznero.

miércoles, 26 de abril de 2017

Verdad a medias. Media mentira

Ésta es una historia huerística para adultos. Hay cuentos para matematizar la vida; hay emisores que evitan decir la verdad y hay receptores que se afanan al desafío de descubrir, pero en la conciencia de que saber será, sin duda, una verdad a medias, o una media mentira. Veamos.
Tomemos la medida del tiempo para cumplir una promesa largamente postergada. El tiempo en horas y en minutos para efectuar la entrega, es decir, la aventura. 
El sujeto parte a las 8.30 , va hacia B y regresa al punto de partida a las 13.30, confirmando a los personajes secundarios de esta historia, que la entrega se realizó exitosamente en el lapso de 30 minutos. El recorrido va desde  un punto A al punto B y el regreso, desde B a A, debiendo pasar por dos puntos geográficos de la zona, antes de llegar al objetivo.
Así es que sale a las 8.30 pero a los 5' de caminata, debe volver sobre sus pasos, porque ha olvidado la tarjeta para tomar el bus. Va hacia la parada y espera 30'. Es domingo y los buses pasan cada hora. La caminata posterior hacia el destino B, para realizar la entrega, dura 30'. Desde B, regresa a A, siendo las 13.30.
Como ayuda memoria, ¿podrías realizar una recta numérica determinando horas y minutos y considerando partida, retorno, nueva partida, un trasbordo, tiempo de caminata y regreso? Es conveniente verificar si el recorrido para el regreso es por la misma ruta o se utilizan vías de escape.
A continuación, marcar con una cruz la medida temporal que consideres correcta para el lapso de entrega:
                                                    -10.20 a 10.50
                                                    -10.30 a 11
                                                    -10.40 a 11.10
Cabe consignar que el sujeto encargado de efectuar la entrega es varón. No hay datos sobre el sexo del sujeto que recibe la entrega. Preguntarse si se trata de una entrega abstracta o concreta. Si fuera el primer caso, se trataría de un encuentro de miradas, de pensamientos, de conversación escueta e informativa; en el segundo caso, la entrega es física de cuerpos con culminación líquida. Tener en cuenta el clima emocional y el tono que se percibe en el trayecto de regreso: sentimiento de vacuidad, de tarea cumplida por el varón, o por el contrario, sensación en ambas partes, de plenitud e intensidad.
Otra digresión: en la escritura moderna, los finales suelen ser abiertos y el lector decide cada desenlace, según las pistas dadas. En este caso, el lector deberá crear la trama, es decir, la relación entre A y B, la categoría de la encomienda a ser entregada, la descripción del ambiente exterior y el ámbito interior, así como las emociones de los personajes. Claves de etiquetas: aventura amorosa, clandestinidad, sexo, ansiedad en la espera hasta la concreción del encuentro y los sentimientos de ambos, luego de cumplirse el cometido.
El desafío está planteado. La consigna del taller de escritura en el día de hoy deberá cumplirse en 60'.

domingo, 19 de marzo de 2017

Escarceos

 Menuda tarea la del poeta, cuando cuenta con las emociones al ras de la epidermis, como los pelitos que se levantan con un roce a contrapelo, o cuando muestra las heridas que la sal del mar irrita. Tiene a los personajes, pero no tiene la trama, debe darle carnadura al relato. Por ahora, son sólo divagaciones que quedan plasmadas en el título. 
Dícese de los movimientos en la superficie del mar, pequeñas olas que se mecen hacia uno y otro lado por las corrientes subterráneas. También se dice de las cabezadas de los caballos,  hacia arriba y hacia abajo, o los giros que dan resoplando, cuando están fogosos. Poco a poco, iremos adentrándonos en la historia. Por ahora, son sólo cuatro sílabas: es - car -ce- os, que se mueven sobre una barca que boga en un lago tranquilo, pero que se agitan desde las profundidades.
Con cuatro frescas le han dicho imprudente, indiscreta y entrometida, además de impaciente. Pero ella no se ha quedado impertérrita, ni imperturbable, porque no es una placa de mármol fría y rústica, lista para ser moldeada a gusto del artista; al contrario, es impulsiva y cerril, que salvajemente se puede acompasar a un cuerpo que le prodigue cálidas miradas, palabras tiernas y dulces caricias. Porque, tampoco es intangible, pero es impetuosa, implacable, a veces, cuando se enoja, y es hasta impúdica. 
Y qué decir de la cacofonía de tantos prefijos que indican negaciones, aunque recuerdo que la negación de la negación, al final es una afirmación. Y sí, después de todo, las cuatro frescas no serán la última palabra. Es auspicioso un próximo encuentro. Ella espera a puro impulso, cómo el otro, el de las cuatro frescas, suavice su temperamento salvaje con un guiño, con tres diminutivos cariñosos y cuatro toques suaves, y la amanse. A la vez, mientras tanto, ella, la imprudente, irá buscando la manera de que él se enamore. Quitará la capa de óxido de su pecho, diluirá con su labios la acidez de sus ironías, rascará la costra dura de sus emociones, y así, capa tras capa, irá buscando su ternura, entrará en su silencio, y adivinará sus deseos, esos que sabe, son atrevidos, pero que él no se anima a manifestar.
Un susurro de colibrí detrás de la oreja.
Una música de terciopelo en los cabellos.
Un escozor de lágrimas que se han secado en los párpados.
Un aleteo de mariposas en el vientre.
Un coscorrón de narciso recién robado de un jardín.
Un guiño y una sonrisa sellados en el pacto de guardar secretos en el alhajero de cristal.
Un rubor de amapola en los besos de la brisa.
La barca se ha agitado en la superficie de las aguas, una escaramuza, un temblor inusitado y brusco al encontrar el lado oscuro de la luna y ahora, nuevamente, boga en calma, mientras la luna muestra su lado más brillante sobre el lago quieto. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Tacones rojos

Los pies tienen memoria de un ritmo casi olvidado. Esos pies están calzados en unos zapatos de cuero rojo de estilizados tacos y punta fina; en la costura del talón, remata un moño, también de cuero rojo. El sueño de toda mujer es usar unos zapatos así.
Mirados desde atrás, y hacia arriba, se extienden tobillos delicados que sostienen piernas torneadas, que se mueven según el hombre la lleva ¡y la sabe guiar con maestría y galanura! Hay memoria en la rutina de los pies, y ella lo sigue.
De una falda negra de pronunciado tajo, asoma un muslo fuerte y aguerrido; al otro lado, la falda sugiere, solamente, y se adivinan caderas portentosas que continúan suaves, de una cintura breve. Un cinturón negro la ciñe a la perfección.
Hace un momento tan sólo, ella aceptó el convite, cuando un joven, entre tantos otros, le había cabeceado y fueron juntos al centro de la pista. No recuerda su rostro, aunque puede ver, girando, a las parejas en el salón. ¿El Folìes Bergere? ¿o el club social y deportivo del barrio?
Como no puede vislumbrar su rostro, porque ahora su mejilla está pegada a la suya, se anima a palpar su cabeza y siente cabellos engominados peinados con peine fino. El perfume que emana le recuerda el olor de la "Glostora" que usaba su padre, antes de ir a trabajar a la oficina. Una barba incipiente le raspe, entonces intuye que no se ha afeitado. Así es como recuerda el olor de la loción para después de afeitarse, que usaba el viejo cuando, mirándose al espejo, silbaba "Yo soy del '20..."
Una pierna fuerte de pantalón ajustado (lo presiente de terciopelo negro), se introduce entre sus piernas y la hace girar sobre su centro. Las baldosas en blanco y negro, como un tablero de ajedrez, (y ella se siente una reina) se desdibujan y el perfume de ese hombre la subyuga, más todavía cuando una mano, como un sello, se estampa en la espalda descubierta y los dedos largos de pianista dibujan circulitos en cada vértebra, y terminan en un caracol al final del escote, cerca del coxis. Un aliento cálido le calienta la oreja.
El tango terminó y ella se entera recién cuando el joven la aleja lentamente de su rostro, para observarla. Una mano le descorre el bretel, y con la otra, desde la nuca esbelta, le acaricia un hombro. El camafeo que adorna su cuello se desliza. La melenita negra, a lo "Edith Piaff", parece sonreir. Ahora ella lo ve con sus ojos grandes y negros de estupor, con las aletas abiertas de la nariz, con los labios rojos de corazón entreabierto, que dejan ver unos menudos dientes blanquísimos y una lengua roja, haciendo juego con el maquillaje. Los párpados se abandonan, sensuales, dejando que todos los sentidos hagan su parte.
Siente que una mano está sumergida entre sus muslos calientes y la otra se extiende para acariciar la espalda del muchacho, pero sólo encuentra una ausencia y la lisura de las sábanas gélidas a la derecha de la catrera.
Abre los ojos y le cuesta acostumbrarse a la claridad de la mañana. Ve el placard cerrado, la pared lisa, reconoce unos cuadros y en el espejo, las cortinas familiares y las pantuflas de felpa gris, una al lado de la otra, modositas, esperándola.

martes, 19 de marzo de 2013

Hipótesis del oficio de oreja

Usted piensa, amigo lector, que se trata de ser un "correveidile" del jefe o del patrón, una especie de espía. El oficio de oreja se refiere a escuchar las dudas, incertidumbres, contradicciones y deseos de todas las que acuden a mí, para desahogar sus penas. Ellas derraman con toda confianza lo que sienten y que las tiene enredadas en una maraña de intrincados senderos; no las dejan tomar un rumbo con total convicción, ni logran su norte cuando intentan desembarazarse de la soledad. Y piden consejo.

Grité en el aulladero como le decíamos a la vieja caballeiza donde dormía Capitán hasta que lo robaron para hacer chorizos o vender la carne del equino en los suburbios de la ciudad la cuestión es que grité hasta que la voz se quebró y las lágrimas se secaron como se seca el aljibe de una tapera y de las napas del desierto todo eso pasó después que reaccioné le falta sal dijo y empujó el plato caliente dejó la servilleta retiró la silla en un silencio gélido esta vez la última que dijo le falta sal no lo soporté más porque habían sido tantos los almuerzos y tantas las cenas en que había callado y con una mueca triste había recompuesto la comido un poco de sal un toque de canela al postre más condimento a la tortilla tantas veces que estrellé un plato contra el ventanal y vacié la cacerola en el tacho de residuos orgánicos para el compost se oyó un portazo brutal y cayeron de los estantes los potes de cerámica las velas de buenos augurios y casi toda mi energía, con el resto salí corriendo...

Ya hice lo que tenía que hacer desde que presentí que las cosas no andaban tan bien aburrida me dijo formal y estructurada me dijo no quiero sexo con él y mi amiga la morocha que a él lo seduce ni espiar tras las cortinas las cabriolas de parejas en la cama Isla de los micos un mico me siento en la selva amazónica lujuriosamente sola dándome la calma que necesito mis manos fluyen suaves por mis pechos redondos sobre mis muslos cálidos y sedosos mientras miro reposar las flores flotantes lentejas nenúfares que fluyen lentas sobre las aguas infectadas de caimanes negros que me observan con ojos fluorescentes los dientes afilados salen de sus bocazas me persiguen pero creo que sólo bostezan porque soy aburrida y no quiero nada más el que me mancilló tanto como una vez cuando... no quiero hablar más porque ahora veo que la laguna se estremece cuando los animales saltan muerden se sacuden se disputan un brazo y otros atacan una mano la cabeza ya ha sido desprendida del planazo de una cola portentosa aunque desde la maleza está mi cabeza tirada contemplo con mis propios ojos cómo finalmente las aguas se aquietan...

Besos dulces le dí unos besos cuando subíamos los peldaños tenebrosos de paredes descascaradas el ascensor no funcionaba como cuando una vez se cortó la luz y salí a ver qué había sucedido entonces me encontré con el vecino que había bajado hacia la vereda oscura y lo tomé del brazo para que me protegiera de la noche y del miedo y un ramalazo eléctrico me sacudió como cuando no pude contenerme y me arrimé al sillón donde dormía el primo de mi amiga que había llegado a la ciudad para casarse al día siguiente me había gustado tanto su sonrisa cuando me ayudó a acarrear las bolsas del supermercado y yo tenía que acariciarlo vino rojo que me impulsa a apretarme a un cuerpo desolado de un tango tristón y sensual tajo de la falda de milonguita escote profundo que deja ver mis senos pequeños pedigüeños a los que acuden las manos callosas del viudo reciente otra vez besos tiernos a las encías desdentadas del vejete mirón de glúteos fláccidos que dan lástima...

Estoy en baja deprimida sin apetito sin billete nostalgia del amor que ya se fue felpa de la añoranza del mar de linos florecidos de mi infancia y trigales mecidos por la brisa del viento norte hago cuartetas metáforas de angustia y turbias lágrimas mojan las mejillas desteñidas fluyen constantes regulares sobre el cuello y la remera hasta mojarla agua de borrajas el pincel se humedece y la acuarela no logra reflejar la luz difusa del ocaso tras los rascacielos negros que devoran a las sombras que ya cubren como un tul de luto y lloro perlas en el desierto...

Me MORIA si no me llamabas escribió y las letras bailoteaban en el celular la distancia hace difícil la comunicación y yo vi esas mayúsculas sin acento y me enojé ahora tiene otra que se llama Moria y ni siquiera se toma el trabajo de disimular el muy desgraciado comedia de enredos que más bien es un drama que me encuentra arrollada como un feto en las aguas amnióticas de una vigilia que nunca acaba que engrosa mis párpados que aprieta mi pecho que estreangula mi garganta o tal vez volvió con su mujer ya amanece porque el zorzal canta en mi ventana ya está decidido hasta que no me envíe escaneada el acta de divorcio en el futuro no atenderé sus llamados pero no dejo de extrañar su risa los brazos protectores e impúdicos y quiero manipular el reloj para acercar los momentos del reencuentro...

Desde que se fue y lo perseguí con escafandra y oxígeno como un buzo entre los corales y los huecos donde hab itan barracudas y anémonas de mar ya no busco a tientas la piel rugos o peluda o tersa que se palpa que se recorre con besos con labios con dientes con manos ahora la pantalla del monitor me devuelve y me conformo con la imagen desnuda del amigo de la red social que busca desesperadamente y con sudor el instante de una primavera fugaz que explote por el ciber-espacio...

Mi abogado me dijo que ahora él está en un asilo desde que lo sacaron por la fuerza de la casa que era nuestra y que él se negaba a abandonar porque había que vender ese bien ganancial y terminar con los papeles del divorcio pero ese día las llamas empezaron a asomar por las ventanas que dan al sur y un ruido ensordecedor de estruendos salía entre las bocanadas de humo negro ahora dicen que le dan permiso para salir del hospicio y yo temo que vuelva a instalarse entre las paredes desnudas de la casa mirando el cielo con ojos despavoridos desquiciados desalmados entre los tirantes quemados y la chimenea que no arrulla los leños del hogar dulce hogar que antes era...

Tu amigo me prometió que me iba a presentar a un colega del hospital y yo me preparé con mis mejores ropas hasta fui a la peluquería me hice las manos y retoqué las uñas de los pies y los juanetes hasta me dieron masajes con piedras calientes fui a la cita pero el fulano era un maniático que quería sólo amor físico sexo contra-natura y sesiones de sadomasoquismo corrí corrí por los pasillos que dan a la morgue y a los grandes recipientes con desechos patológicos mientras el ulular de la ambulancia traía al acuchillado habitual de las grescas callejeras olvidé el corpiño y los zapatos y no puedo olvidar esos ojos libidinosos y las correas entrelazadas en sus dedos mugrosos... o seré frígida me pregunto...
Cuando le señalé dónde estaba él a una amiga que no lo conocía y le dije es aquel que parece un cieguito ése fue el momento en que me dije no va más si parece un viejito y sin embargo tiene diez años menos que yo vamos al cine le pregunto y no hace mucho frío vamos a cenar a ese restaurante nuevo no porque sale muy caro vamos a bailar no porque estoy cansado estoy aburrida de hacer el amor siempre yo abajo mirando las manchas del cielo raso hay una telaraña que va desde la lámpara hacia el placard y la araña se balancea tendré que pasar el plumero y él arriba sacudiendo su triste figura en la misma frecuencia y la exacta intensidad son cinco o seis no mas empujoncitos sun empeñón aquella mancha que parecía un angelito mofletudo y culón otra embestida se ha transformado en la fumarola de un volcán en erupción tercer sacudón apareció una mancha nueva parece una mariposa y se va la cuarta yo doy unos grititos para acompañar y después llegó la quinta embestida buenas noches querida y quedamos espalda contra espalda como dos siameses unidos por las dorsales y yo no tengo frío entonces imagino paisajes tropicales aguas cálidas y pececitos de colores hasta que sobreviene el sueño y la monotonía de los días siguientes iguales...

¡Con razón los psicólogos suelen tomar unas largas vacaciones para desentenderse de la psiquis atribulada de sus pacientes! Hasta ellos se equivocan al decidir el lugar más apropiado para el descanso. Suelen concurrir a espacios abiertos de mar y de playa, pero como la obra social del colegio de psicólogos ofrece alojamiento y servicios a precios convenientes, no pueden descansar como desearan y, por el contrario, allí se encuentran los colegas. Unas jóvenes de rulos ensortijados, ropas desprejuiciadas y gesto aprendido de intelectuales. Unos barbados indiviuos que esconden sus desdvelos tras gruesos anteojos que no logran, sin embargo, hacer ver el camino que han de sugerir. Otras son mujeres de rostro cruzado de líneas compungidas de expresión que delatan mucha teoría freudiana por aquí, concepciones nuevas de Lacan por acá, estudios piagetianos por allá, sin desdeñar estrategias de desmanicomialización, textos en boga de sanación orientalista, ni libros de autoayuda. Y ahí están, bronceándose en las playas; mientras dialogan de profesional a profesional, cuentan casos, piden opinión e interconsulta. Unos se reúnen cada mañana a practicar ejercicios de Tai Chi Chuan o de respiración conciente al rumor de las olas. Otros prefieren meditaciones en solitario con postura de yoga, mas, deduzco, sólo arriban a occidentales reflexiones en las costas bonaerenses.
En este punto querría desarrollar una hipótesis que cada vez me convence más: "El escuchador apabullado y sorprendido en las sucesivas sesiones de cuarenta minutos, va quedándose paulatinamente sordo". La comprobación científica llegará más tarde y sin necesidad de refutar. Le aseguro, estimado lector, que no será una falaz justificación, ni un silogismo. Esto me recuerda a aquel asistente del científico que procedió a interrumpir el camino negro de las hormigas hacia el hormiguero, con la intención de jugar con su laboriososandar. Había escrito en su cuaderno de notas: "Cuando a la hormiga le vamos cortando las patas, se queda ciega".
Y yo, que no soy psicóloga, pero oficio de oreja, estoy por corroborar la hipótesis enunciada, mientras me aprieto la oreja derecha, meto el dedo para sacar un poquito de cera, echo una gotita de alcohol boricado, la palpo rítmicamente con la intención de destapar, salto repetidamente sobre el pie derecho y me atormenta cada vez más el zumbido. Pido un turno con un otorrinolaringólogo.
-El jueves a las cinco... traiga una orden de consulta de su obra social y debe pagar un plus por el lavaje de cerúmen, en caso de ser necesario.

domingo, 26 de agosto de 2012

Recetas de amor

Ingredientes necesarios: una pizca de picardía, media cucharadita de inteligencia, una cucharada gorda de humor, una dosis de poesía, una tableta de dulzura, un pellizco de celos y cuatro gotas de ternura. 

Procedimiento: aplicar el primer ingrediente en los ojos para dulcificar la mirada, agregar el segundo en pequeñas cuotas, alternando con el tercero, sin escatimar ni abusar en ramplonerías. Se distenderán los labios en una sonrisa tímida, luego la boca mostrará un ¡Oh! de asombro y admiración, y finalmente, surgirán, a borbotones, las carcajadas plenas, de ésas que hacen saltar hasta las lágrimas.

Recomendaciones: no excederse en las cantidades. En poco tiempo podrá advertirse otro fulgor en la mirada; la piel se pondrá tersa y los poros estarán abiertos a nuevas y renovadas experiencias. Usted notará que en un breve lapso irá esfumándose de la comisura de los labios, ese rictus amargo tan persistente, y hasta las patas de gallo y las arrugas del entrecejo. Un rubor coloreará sus mejillas cada vez que se utilicen estos elementos.

Mezclar con movimientos suaves de derecha a izquierda, siempre en dirección de las agujas del reloj, para que no se corte el embrujo. Adobar la carne, dejar al sereno en una noche de cielo estrellado y luna llena, aplicando los cuatro últimos condimentos en orden indistinto. Como consecuencia, usted notará, al día siguiente, que la carne estará a punto, más humectada y comenzará a segregar sus propios jugos, lo que podrá emplearse como fondo de cocción. Es el momento de cocinar a fuego lento, a puro besos y caricias surtidas, que con sus chispas enciendan el magnetismo, hasta la ebriedad. Se aconseja ya a esta altura, desatender las recomendaciones en cuanto a trayectoria, sentido y ritmo. Todo será puro instinto de los dictados del corazón. Según el tiempo que estime corresponder, se elevará la temperatura del fuego y ahí sí, salvajemente, se habrá cocinado.

Nota del chef: No olvidar la alternancia de diferentes recetas incluidas en este recetario, para evitar la cáscara dura de la rutina y el anquilosamiento paralizante. Si es así, podrán verse cuerpos esbeltos, posturas erectas, hasta rayanas en la altanería y mentes abiertas siempre dispuestas a próximos desafíos y nuevas metas.

"Recetas de la abuela Margarita"

Edición de oro, número mil.

jueves, 5 de julio de 2012

Hasta me había cogido cariño.

En la barra de madera lustrada y lisa (tantos parroquianos se habían acodado ahí para matar las penas), un gitano en una punta, y un compadrito en la otra. El primero mira al otro y luego de apurar la copa, se acerca con paso lento y dubitativo. Antes, se asegura que el varón recio y engominado no lo vaya a rechazar también. No está dispuesto a aceptar otro nuevo fracaso. Los tengo vistos a estos especímenes.
El boliche ya está quedándose solo; los mozos van subiendo las sillas sobre las mesas cuadradas, no sin antes repasar con la rejilla húmeda, las manchas de café o de copas. Se han retirado ya las mujeres y esos sub-hombres de mala muerte, que suelen concurrir al bar; han cerrado la puerta de entrada y ya comienzan a barrer todo el salón.
-Te vi y no más pensar. No te lo vas a creer. Este chulo ha recibido un mogollón, igualito al mío.
-Tenés razón, pibe, y no me voy a cabrear. Siempre hay un roto para un descosido. Si se te ve en la jeta, nomás -Se alisa las crenchas, lo mira desafiante y vacía la ginebra de un solo trago. -¡Eh, José! -llama mi atención y señala con el dedo el vaso vacío, para que lo vuelva a llenar.
-De momento, que estoy pa' chascos nomás, te voy a decir que soy un tontaina y un gillipollas, y que se me suelta la lengua cada vez que tomo un par de copas -el último ajenjo ha dejado en el vaso un jugo verde como la hiel.
-Metele nomás, purrete, que ya te juné de entrada. Desembuchá -prende otro faso con el pucho todavía humeante, que casi rebalsa del cenicero de vidrio cachado. Otro de chapa de la marca de un fernet, se enfría también repleto.
-¡Fíjate que si ha llovido...! que mucha agua ha corrido debajo del puente, que ni hoy que es viernes me he ido de putas. Esta última bronca con la Lola me ha dejao así - se señala las tristes pilchas, el "funyi" entre las manos, arrugado y maltrecho -que hasta me duele la tripa, te digo.
- Si no es la tripa, será el bobo, porque pa' esto del amor... creo que es una pena de amor, es ahí adonde se te hace un "struncio". Seguro que es un berretín. Ya va a pasar, porque a las minas les gusta hacernos "estrolar" y después disfrutar de sólo vernos, como piltrafas, como zaparrastrosos. Asi estoy yo, pero ahora no te voy a contar.
-Estoy fatal. Es que las tías son de la hostia. ¡Joder! -para darse ánimo pide otra copa.Y yo, que la veía venir, ya estoy presto con el porrón de ginebra, atrás del mostrador.
-Vivíamos en un bulín hace como dos años. Bueno, pues, ya te digo, y estábamos de puta madre los dos, porque fijate, hasta me había cogido cariño y yo me había propuesto vivir con ella hasta los restos. Pero ahora, ¿qué tía va a enrollarse conmigo, así como me ves?
-Algo así me pasó con la Fany -un gordo lagrimón comienza a caer por la cara lampiña y cae en un periquete. Da un puñetazo brutal, hasta hacer tintinear el botillerío expuesto en la estantería. Y eso lo digo yo, que me dieron ganas de asestarle un mamporro, hasta dejarlo muermoso, pero no. Un cantinero tiene que atender bien a sus clientes, y tenerles la vela.
-Hay mucho chulo de vida estrecha, mucho bocazas, mucho cabrón suelto, y le fueron con el cuento. Que yho andaba con una guarra de ésas del estriptis y que después, entre polvo y polvo... y luego,.. -entonces se calla y no me puedo contener.
-Una verdadera putada -le digo.
-Dale, viejo, convidanos con una caña. No amarroqués más, que esto se está poniendo posta. Vos sos mi gomía, no?
-Hay que tener cojones pa' aguantar. Me preocupé por lavarle la cara a la pieza cochambrosa donde vivíamos. Me pirrraba para vivir mejor. Que bocatas de gallinejas, una tortilla, unos pescaítos fritos... ¡Qué gloria bendita!  Todo me costó un huevo y parte del otro, hasta que me fui quedando sin un puto duro y anora... vamos por el culo.
-Cuando empiezan las broncas, te empezás a mosquear -agrego un bocadillo, mientras les lleno las copas.
-Hasta que la sangre llegó al río -el compadrito enfila pal ñoba. Yo sé que no va a poder embocar y me va a chorrear todo de meos, y después hay que tirar criolina pa' desinfestar.
-No, nunca llegó al río. Que dormir sola es igual que no tener nada, decía y yo la follaba despacito, y no le alcanzaba -El gitanillo tiembla y llora a moco tendido. Entonces les alcanzo dos fecas.
-¡Pues, quita de ahí! -grita - Ruina total. Yo sé que lo hizo aposta. Empezó a ponerse como bandera y a salir. Na' que no tiene palabra, ni seso, ni nada adentro, y decía que yo era un tacaño y un celoso...
-Ya sé cómo sigue la historia -el temblinque del malevo hace vibrar el aire. Aunque creo que éste es un cafiolo, porque de su dedo meñique, el que levanta para tomar el café, brilla un oropel -A mí también me pasa algo parecido. Mal de muchos, consuelo de tontos.
-De tanto cariño que le tenía, empecé a cogerle manía. ¡Hay que tener cojones!... de pura coña que es, se le olvidaron las agujetas, se convirtió en un pedazo de bruja, una arpía. QUé más te puedo decir. Todo eso ya me lo sudaba... y se enrolló con un chavalejo forrado de pasta, de esos fotógrafos que andan en las corridas de toros.
-Fin de la historia- me apuro a decir -José, llevá a estos dos hasta la puerta y ponele tranca. El olor de aserrín y kerosene va impregnando el salón. eo por la ventana que los dos van del bracete, sosteniendo sus penas por el medio de la calle mojada. Ahora se  paran a descansar junto a la farola de luz mortecina.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La señora del piso 12º.

Ella siempre me buscaba. Y yo también. Cada semana, salía del mercado empujando el carro con provisiones y otras menudencias, repleto de comestibles y bebidas, artículos de limpieza (¿qué tanto tendrá que limpiar?, me preguntaba) y muchos artilugios para destacar su belleza. Casi siempre enfundada en un traje ajustado de pantalones negros y remera con grandes escotes, yo sé que, detrás de los modernos anteojos de sol, me buscaba, con esos ojos negros chispeantes, y se quedaba parada en la playa de estacionamiento.
El viento de la tarde arremolinaba sus cabellos negros lustrosos y la llovizna fina iba empapándola. Sus curvas y sus prominencias se hacían más sobresalientes. Dos botones ateridos resaltaban debajo de su remera. Un imán me atraía hacia esos pechos y con pasos apurados, llegaba yo, con la impaciencia y con la exaltación del adolescente, que ya no era.
-¿Dónde te has metido, chavalejo? Apurémonos, que nos mojamos. Coge esto y acompáñame a mi piso.
-Es que estoy trabajando...
-Es que na'! Trabajarás en mí, te lo aseguro. Mi marido ha salido de viaje, y ... ná, pensé en tí, argentinito! - y yo también pensé que las españolas no se andaban con chiquitas.
Por el Paseo de la Castellana, el tráfico se ralentaba, mientras la lluvia se hacía cada vez más espesa. En el semáforo próximo, me miró con pasión y sin anteojos, y sé que con ternura y curiosidad. Extendió su mano hasta la rodilla más cercana y me acarició la entrepierna. En silencio, ambos íbamos imaginando lo que vendría después.
Estacionó su coche en el garaje del edificio y en el ascensor ya fue incontenible la compostura. La tomé por la cintura. Mis manos grandes podían rodearla, casi hasta cerrarse en su contorno. Acaricié los pezones mojados y sus caderas se movieron en compás sensual hacia mí, con lentitud, mirándome con provocación, hasta pegarnos en un largo beso de lenguas pegajosas, al momento que nos deteníamos en el piso 12º.
Lujoso, coqueto y moderno. Así calificaría su morada. No pude admirar con detalle la ornamentación, porque en el instante, ella fue sacándome la camisa. Sobre una mesa ratona había una nota que ella leyó de reojo, y yo también.
-Señora; he dejado todo tal como lo ordenó y he retirado el dinero que me ha dejado. Soledad.
Me llevó de la mano casi corriendo hacia la cama cuadrada; cuando comencé a despojarla de sus ropas, me detuvo.
-Deberías hacer caso omiso a mis cicatrices, y no te impresiones. ¡Vale? -dijo secándose la prótesis de su pecho izquierdo -Desde que me operaron, mi esposo ya no me folla. Y yo necesito un hombre. Ése, eres tú, moreno.
El fuego quemaba nuestros cuerpos y nada de eso importó. Ella se entregaba a mí, salvaje y audaz. Comandaba su plan y yo, la dejaba hacer. Cumplía como un soldado sus órdenes.
-Ahora mi espalda, y anda diciéndome en auténtico argentino las palabras soeces que vosotros dicen. ¡Anda!
En esos menesteres andábamos ("putita", "calentona", "culito"), cuando comencé a percibir una presencia, un perfume que no era la fragancia de ella. Alguien, desde el vestíbulo había puesto una sinfonía árabe.
-¡Ala!. Ven ahora, Soledad. Acá estamos bien encuerados y no te quedes ahí solita, envidiándonos. Ven con nosotros, que todo lo compartimos -dijo, y supe que era Soledad, la empleada que se acercaba sólo con el impecable delantal de mucama, alta, de tacones rojos, sensual, observándonos desde sus ojos gris acero, con la lascivia de su lengua palpitante.
Y nos fundimos los tres en una orgía de placer sin par.
-Ahora vete, niño, que ya has cumplido espléndido tu rol. En ese sobre está tu paga -me ordenó.
Y yo, que hubiese querido descansar sobre las sábanas de seda entre las dos, la morena de caderas portentosas, y la pelirroja angelical y diabólica, me levanté como un guerrero que sale de la trinchera, cuando se apagaban los últimos estertores. Las miré y se entrelazaron, ya dormidas. 
Guardé en mi chaqueta el sobre sin mirar su contenido, prendí un faso y me fui silbando el Tango Julián.