Una mujer madura
torna, de pronto,
en incipiente mujer.
Cierra los ojos y
tropieza con la nostalgia
del primer amor.
Sublime, en la lejanía
de tiempo y sitio.
Un cosquilleo en todo el cuerpo,
como si un cisne de cuello largo
anduviera descubriendo
cada recodo en el relieve de su piel,
cada presuntuosa turgencia,
cada mullida hondonada misteriosa.
Es como si picoteara en ternuras pequeñitas
todo ese universo ígneo.
Se sumergen en las aguas quietas del lago,
hasta que un ramalazo
que viene de las profundidades,
los elevara hacia la superficie,
como si les insuflara aire fresco
de renovada vida y
silbara
un canto de candor y sabiduría.
Son relatos de ficción y de no-ficción, un poco autoreferenciales, algo fantásticos, con mucha verosimilitud,anécdotas escolares o reflexiones simples sobre temas tan clásicos como el amor, la familia, la educación, los medios o el trabajo.
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sábado, 8 de septiembre de 2018
lunes, 1 de mayo de 2017
Terapeutas y diagnósticos
Fiel a su vieja estrategia, el terapeuta está revisando las sesiones diarias. Desgraba, como todos los días, la conversación con su paciente Lili, quien acudió a él para resolver o develar cuáles son las razones por las que sus relaciones sexuales tienen un signo de incompletud en la búsqueda de una pareja, y oscilan entre hombres un tanto mayores, y otros más jóvenes.
El Dr. Q piensa en la búsqueda del padre, su protección, la seguridad del amor permanente y por otro, las fantasías eróticas y la lujuria con los más jóvenes. Deberá consultar en primer lugar, el complejo de Electra y la mitología griega, y luego, revisar los cuatro gigantes de las emociones del siempre bien ponderado, el imbatible teórico del siglo pasado. (1) Verá cómo juegan en ella la secuencia del miedo, la ira, el sexo y el deber. Piensa que es casi seguro que Lili lo relaciona con el artista, Joan Miró.
He aquí algunos fragmentos de los diálogos:
-Creo que elegí a Martín porque él ha sido el símbolo de la protección y la seguridad. Ahora que lo pienso... sí, tuvimos buen sexo, en la medida de lo deseable. -Se inclina en el diván y en su voz hay ahora una vibración diferente. -Sin serle infiel he imaginado cómo sería el sexo con parejas más jóvenes... pero me he quedado con la sola fantasía, creando escenas de lujuria en lugares alejados de lo común, más allá del consabido ascensor, o la bañera rebosante de espuma y sales marinas, he pensado en un alfalfar, o en un campo de margaritas o de girasoles, en el colchón de agujas de pino en un bosque umbrío, en la ribera de un río de montaña...
-¿Recuerdas algún deseo trunco con un macho joven?
-Solíamos pasar las vacaciones de mi padre en la casa de mis tíos, que eran floricultores. Mis primos, Mónica y Edgardo, me llevaban uno y dos años, respectivamente. Él tenía los ojos azules, que reían junto con todo su cuerpo atlético y sus labios. Jugábamos entre los invernáculos de claveles y gladiolos, hasta que él nos empujaba en los grandes piletones de agua fresca, donde reposaban las flores recién cortadas, listas para ser llevadas a la feria de los sábados. Mónica se quedaba llorando de rabia. Yo corría, chorreando agua hacia el bosque de pinos. Mi primo Edgardo me perseguía porque sé que admiraba mis tetitas ateridas y adheridas a la camiseta... él quería devolverme el calor... pero...
-Continúa, por fabor.
-Detrás de cada pino, ahí estaba la mirada vigilante de mi papá. -Cambia de tema intespestivamente- ¿Vio Dr. qu`´e hijo de puta ese pelado Cordera, el cantante de la Bersuit Vergarabat? Ahora lo van a juzgar por sus declaraciones en la charla de la universidad. Dijao que muchas mujeres desean ser violadas, porque es la única manera de gozar, qué hijo de puta! -Lili se queda en silencio. El terapeuta analiza cómo el contenido de la charla acopla dos temas, así como en la gráfica, se coloca un título en primera plana y en los recuerdos, los temas relacionados.
El Dr. Q ha comprado el C.D. del grupo de rock, "La argentinidad al palo" y se dispone a escuchar para entender más a su paciente. "Cuatro ebrios se lo llevan, se lo llevan para siempre y pronto vuelve..." Se dispone ahora a comer. Es un sibarita que disfruta de cada plato. Se coloca una gran servilleta blanca y revuelve la ensalada de ira, de miedos, de sexo y de deber, mientras va diseñando el diagnóstico de su paciente. Llaman a la puerta del estudio y le acercan el postre que él mismo ha preparado. Lo denominó "Geoda", porque es una piedra rústica que contiene la belleza del cristal de roca, que es terneza y dulzor. Como él siempre repite: "Endurecerse, sin perder la ternura".
(1) Emilio de Miró.
domingo, 27 de marzo de 2016
Amancay, aeropuerto, tulipán.
Un amigo decía y repetía hasta el cansancio:"Nadie sabe de amor". Hoy voy a desafiarlo con una hipótesis contraria, una comprobación con tres historias y una tesis fianl.
El primer amor es elmás intenso, el que perdura y el que con paciencia y suerte, cuando los planetas se alínean, se recupera para siempre.
Tres historias son más que suficientes para una validación teórica. Casi siempre una de las partes ha palpado por primera vez la emoción y el alboroto de los sentidos. Lo llamaan "flechazo" a ese dardo que Cupido envió directo al corazón. Y como se trata del primer amor, he de referirme al amor adolescente, ése que nos hace erizar la piel; el sístole-diástole se dispara golpeando el tambor del pecho; sudoración en las manos y otras partes pudendas; sonidos guturales, hasta la total mudez; suspiros incontenibles... qué mas puedo contarles, si todos hemos percibido esas sensaciones, ¿quién no?
María y Alejandro
La pantalla del celular titiló y envió un mensaje cargado de confidencias."Tenés que acordarte de Alejandro, el de rulos rubios que conocí a los quince, cuando iba a visitarte en los veranos. Nos habíamos visto en el colectivo que iba al centro chiquito de la ciudad. Nos encontrábamos en cada esquina, en la vereda de enfrente, en "la vuelta al perro", tanto que me dijo un piropo torpe: "Te veo hasta en la sopa". Yo esperaba algo más romántico, pero le salió así y me hizo sonreír. Pensé que era una mosca cargosa que finalmente, luego de tantos giros, se caía en la sopa. Nunca imaginé que ese chico escuálido y de rulos se convertiría en mi gran amor.
Nos hicimos novios dese que no le dí ese beso en las escaleritas frente al gran lago y así, caminábamos de la mano todas las tardes, hasta gastar las veredas y terminaron las vacaciones. Vamos a visitarte, como en luna de miel. Final del mensaje.
Transitaron muchos caminos siempre paralelos, sin volver a encontrarse. Mucha agua corrió debajo de los puentes, como dice el dicho popular. Y un océano los separó. María la llamábamos, simplemente María, como el tango. En diferentes sitios los dos armaron sus vidas que, aunque dichosas, no terminaban de conformarlos. Un esposo y seis hijos (uno más quintillizos). Dos esposas y cuatro hijos (dos con cada una). No se dieron cuenta que en la responsabilidad de ser padres, se olvidaron de vivir, mientras la rutina socavaba las fuerzas de la juventud.
Esta tarde los vi y descubrí en el brillo de sus miradas, que el verdadero amor finalmente había llegado. Treinta años después, en un aeropuerto, cuando ella decidió volar sobre el gran océano, se dieron ese beso que ella le había negado. Ahora la nombramos Victoria, su segundo nombre. Un amor adolescente que floreció en una primavera precoz; un amor maduro que se renovó en el otoño de sus vidas.
Lucía y Cristian
-Tengo una invitación para cenar.
-¿Ah, sí? ¿Con quién? ¿Cuál de los tres que te pasan a buscar para andar en bicicleta? ¿El rubio de pelo largo? ¿El flaco de rulos negros? ¿El grandote de ojos verdes? -le pregunté.
-El que me regaló ese tulipán tallado en madera.
-Sí, pero cuál de ellos?
-El que te rompió el termo que se golpeó en la bicicleta, cuando íbamos a tomar mates a la playa.
-¡Ah, sí! Me acuerdo.
-Buena elección, hija. Al menos esta noche no vas a llevar el termo. -Y los ojos de Lucía ya transmitían lo que las palabras no se atrevían a confesar.
El padre dio el visto bueno cuando les sugirió un departamente para armar su "nidito de amor"
-Un año deben esperar. Un año para probarse en la convivencia y para desenvolverse sin pedir ayuda... nada de recurrir a los viejos para el sostén económico, ¿eh? ¿Está claro? -señalé.
Al cabo de un año supe, al comenzar a contarnos, que un hijo venía en camino. Hoy, tres nietos ya grandes coronan ese amor adolescente que perdura.
Cecilia y Rodrigo
Rasgaba las cuerdas de su guitarra, como para disimular la timidez con melodías suaves, y me contó.
Me enamoré de Ceci en Puerto Blest. Una excursión del colegio. Yo estaba en 2º año y ella en 7º de la primaria. Se destacaba entre el grupito de chicas y no pude dejar de mirarla. Ella me descubrió, pero mariposeaba entre las flores de amancay, o probando una frambuesa aquí, y otra más allá, disimulando.
-Esa pecosita de allá anda siempre a caballo por el bosque -me dijo un compañero.
-Vayan chicos, acérquense y les cuentas lo que aprendieron hoy, cómo cuidar el ambiente natural.
Los sonidos de la guitarra acompañaban el relato.
Pasó un tiempo y no la encontré más, hasta que un día, en el Cerro Catedral la vi esquiando allá lejos, en la nieve virgen, fuera de pista. Para mi sorpresa y mi desaliento, la vi tomada de la mano de un chico de su edad, con los skíes al hombro.
La guitarra ahora suena con acordes armoniosos y potentes.
Pero una vez me enteré que ya no estaba con él y la abordé. Previamente, tuve que dirimir a las piñas la situación con ese chico, que todavía la perseguía. Y aquí estamos juntos. -Veo en sus miradas un amor maduro e indestructible.
Dos nietos más tengo. Y ya estoy perdiendo la cuenta de cuántos son en realidad, porque son muchos. Y son mi delicia, de ojos azules, de ojos verdes, que viven con intensidad cada etapa de la infancia y la juventud.
Tres historias bastan para demostrar que sabemos de amor. Me reservo mi historia para otra ocasión. Aunque, hablando de piropos, ¿a qué mujer no le gusta que la halaguen? Ya en el invierno de mi vida todavía me sorprendo.
-Se te cayó...-escuché que alguien me hablaba unos pasos más atrás. Me di vuelta y miré qué se había aído y quién me avisaba.
-un pétalo -continuó.
viernes, 17 de octubre de 2014
Pinceladas patagónicas
Me llamo Perla y llegué a la Patagoniapara hacerle el honor al nombre justo el día que comenzaba el proceso... viajé dos días seguidos en tren me había acostumbrado el ojo al paisaje amarillento de comienzos de otoño y los ojos azules se tornan grises cuando cambia el tiempo y sí las nubes cubrían casi todo el entorno y sólo se veían esas pertinaces flores amarillas que crecen entre los cantos rodados y en las grietas de las piedras como si fuera la última exhalación de esas que son para mirar únicamente porque emanan un olor fuerte y acre y si las tocás te ponen las manos pegajosas porque no se deben cortar ojo y se sacudían por el viento de improviso la estación se había teñido de verde oliva nada entendría porque durante el trayecto mi mente estaba ocupada con la huída y la carta dejada alos viejos que ya a esas alturas se habían enterado y estarían sufriendo porque había escogido un nuevo horizonte de amor y una nueva vida profesional traía en el equipaje el flamante título y las esperanzas de ese amor largamento forjado y vinieron los caheos cuando el soldado vio el documento y mi nombre pensé que él estaba elucubrando que podría reinar por años en el edificio que es tocayo pero sólo tiró al tacho de la basura para ser quemado el libro que llevaba ése que recomienda cómo leer al Pato Donald que no sabía que también estaba prohibido y la revisión exhasustiva de los bártulos y las miradas sospechosas sobre la piel blanca que contrastaba fuertemente con los de los pobladores que observaban con la exhasperante pasividad que da la calma y la aridez del paisaje Ah! lo que más extrañaba era no ver el verde de la llanuray el fluir de las aguas corriendo mansas allá el viento constante todo lo secaba y los cardo-rusos rodaban a merced del viento un tratamiento facial hacía el arenado en seco sobre la piel y para proteger los ojos unas gruesas antiparras y la nariz cubierta con un pañuelo parecía una terrorista chiíta cuando iba a trabajar a la escuela agarrada de las paredes para que el viento ululante-exasperante no me estampara de una vez o correr hasta la vereda de enfrente a la estación de tren de Plaza Huincul para que no me degollara el cartel metálico de chapa y pintura que se bamboleaba peligrosamente terminé de cruzar y cayó primero uno y después los otros álamos uno a uno cuando había logrado adelantarme y los gatos petroleros seguían impasibles subiendo y bajando y una podía pensar que abajo muy abajo fluían ríos de petróleo negro espeso circulaban las camionetas petroleras y los obreros del gas con sus mamelucos engrasados las profesoras de la escuela técnica esposas de los directivos me observaban desde sus hombros altaneros la ropa que llevaba que no era lujosa como la de ellas y nunca acepté ir a tomar el té a sus casas porque había escuchado cómo criticaban al día siguiente en la sala de profesoras el mantel y la vajilla que con la que servían el té en la casa de la anfitriona las tacitas cachadas viste y las servilletas que no hacían juego con el mantel ¡ah! me acuerdo que cuando tomábamos exámenes de Lengua tenía que conformarme con poner sólo mis iniciales porque en el único renglón para completar los nombres del tribunal ya lo habían llenado con los dobles apellidos de rancia estirpe salteña o el apellido de casada que recordaba los ancestros españoles y alemanes después del "de"y yo estampaba las iniciales de soltera solamente ya me había acostumbrado al disfraz de profesora trajecito oscuro de pollera y blazer nunca pantalones porque estaba prohibido y después correr a ponerme cómoda e ir hasta Filii Dei para ver el único chorrito de agua que brotaba a borbotones era agua cliente llena de vapor con olor a azufre y entonces añoraba los ríos de mi litoral y el verdor de sus campos y los gatos seguían subiendo y bajando había también gatos en los prostíbulos de la ciudad petrolera que no chirriaban pero sí maullaban llorando y compadeciéndose de esa vida que les tocó vivir y las lágrimas de cocodrilo le corrían el maquillaje grotesco y después oía a la madrugado los gritos los frenazos botellazos y alaridos por la Av. del Trabajo cuando terminaba en batahola la fiesta de la noche y los ingenieros borrachos volvían al hotel Alfa para descansar unas pocas horas antes de sacudirse la resaca y reiniciar la tura tarea en la construcción del acueducto o las quinientas viviendas o en los campos petroleros y el viento... el viento que todo lo arrasaba hasta la juventud se ajaba en los rostros curtidos que ocultaban quién sabe qué vida anterior en las diferentes provincias y el chofer de la empresa no podía superar las pesadillas que cada noche volvían a torturarlo cuando se despertaba gritando y sudoroso porque retornaban los aullidos de los cuerpos amarrados con piedras grandes que eran arrojados al lago San Roque cuando él hacía la colimba y después nació mi hija en la foto de presentación en sociedad se ve la barba frondosa y la pipa del papá y yo jovencita atrás del Pozo Nº 1 y el Citroën azul contrastando con el panorama gris y otra foto del zanjón que quedó luego del aluvión y la soldada La Pasto Verde y ahora me acuerdo de la primera estampida social y Teresa ROdríguez... y yo tenía miedo que me roben la beba o que se quedara sin madre por aquellos tiempos ahora ya no sueño con aguas turbulentas y cenagosas ahora sueño con aguas cristalinas que dejan ver el fondo azul y hago la plancha y veo el cielo también azul y soleado y la montaña con toda la lujuria de colores y hablando de agua tendo mucha sed porque tengo seca la garganta. Un vaso de agua, por favor.
-Bien, por hoy hemos terminado. Nos vemos la próxima sesión del jueves. La espero.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Nuevos horizontes
Ése era el nombre del vapor que surcaba el Atlántico. Una vez que el capitán hubo reunido a todos los pasajeros en el salón comedor para indicarles que en horas del mediodía arribarían a las costas argentinas, Miss O'Donnell desprendió de su corset la carta de recomendación que llevaba prendida con alfileres.
Leyó nuevamente la dirección de sus anfitriones: Flia. Zaldívar Unsué, calle de la Piedad. Un ramalazo de entusiasmo y una mezcla de coraje y rebeldía, le hizo renacer las rosáceas en sus mejillas. La travesía había sido muy larga desde que su madre la despidió en el puerto de Liverpool, hacía ya casi tres meses.
-No necesitas trabajar, Dorothy. Tu título de maestra será bienvenido en cualquier escuela de Irlanda -le había dicho su madre. Pero ella no atendió los consejos, nisiquiera tuvo piedad de su madre viuda recientemente, que quedaría sola en su país, porque eran de muy alta estima los auspicios de éxitos que le había anunciado la directora del Liceo.
-Sabe perfecto castellano y es estudiosa incansable de la América del Sud, sin contar que viven en Buenos Aires unos parientes lejanos de la rama materna. -Un argentino, Bernardino Rivadavia había acudido al Reino Unido para solicitar un empréstito y otra demanda: seleccionar maestras para abrir escuelas en la Gran Aldea, como solía decir.
Dorothy rememoró esos momentos y confirmó sus convicciones. Sus ansias de enseñar se verían satisfechas a corto plazo y nada iba a impedírselo. Se aferró los invisibles para sostener su cabellera roja, impinó su naricita llena de pecas y fue hacia una de las barandas de cubierta. Todavía no podía vislumbrar la tierra que la esperaba.
El cielo estaba encapotado y se distinguían apenas unas manchas difusas. El capitán le había dicho que en Buenos Aires todavía no había puerto, por lo que el barco anclaría a pocos kilómetros en medio del río y después unas chalupas y paquebotes trasladarían pasajeros y bártulos hacia tierra firme.
Las aguas estaban encrespadas. Parecía el mar y ese color amarronado, seguramente no sabía a sal. El Río de la Plata es un estuario. Ella había estudiado qué es ese tipo de costa y también se había informado sobre la historia del incipiente país, al que estaba llegando.
Cuando el rumor de las tareas de desembarco y el griterío de órdenes a los marineros se hizo reconocible, ella fue a su camarote; se cambió el vestido arrugado y salobre, por otro de tono beige sobre varios pollerines; se puso una camisa blanca llena de alforzas en el canesú, que se cerraba hasta el cuello; se calzó los zapatos abotinados y se colocó con primor una capotita al tono, atada en su barbilla. Guardó en el baúl las otras pertenencias, su diario de viaje y el diccionario de español. Colocó con cuidado la carta ya ajada en la carterita de pana azul, junto con los datos de arribo y la carta de recomendación de su Liceo.
Miró desde el ojo de buey las aguas turbias y se dispuso en la fila para el traslado a tierra. Parece Londres, por la bruma, pensó. Pero la humedad en ese mediodía le dijo que se equivocaba. Su cabello encrespado ornaba su carita oval llena de inquietud y sus ojos verdes buscaron a la persona que estaría esperándola.
La chalupa en la que viajaba se zangoloteaba al ritmo de los remos y en la costa ya se divisaba una muchedumbre confusa. Caminó con paso inseguro por la pasarela de madera rústica, hasta que pisó tierra. Tierra, barro y charcos. Más charcos se arremolinaban con la brisa. Miró hacia el cielo para agradecer y en ese instante, los primeros goterones la refrescaron. Una voz varonil la sacó de sus pensamientos.
-¿Señorita Dorothy? Soy el primo segundo, Salvador Zaldívar Unsué, para servirle.
-Un gusto, primo. Estoy agradecida por la recepción.
Salvador tomó el baúl en un hombro y con su brazo libre y el capotón negro, cubrió la espalda menuda de la joven. Ella se dejó llevar, a la vez que, por el rabillo del ojo, vio que el muchacho, un petimetre de la alta sociedad porteña, la observaba con curiosidad.
-¡Fuera, mocosos! ¿No se dan cuenta que nadie les dio vela en este entierro, che? -Los negritos que ofrecían los servicios de acarreo, se hicieron a un lado y relucieron más sus dientes blanquísimos en la piel oscura.
-¿Qué será eso de darle vela en este entierro? -ella iba pensando y supo que tendría mucho más que aprender todavía.
-¡Cómo me voy a florear con esta prima en las tertulias y los bailes! -iba pensando el otro.
-"Gavilanes" -Eso había dicho la tía de Argentina, que tuviera cuidado, porque muchos le iban a "arrastrar el ala". También eso iba pensando Dorothy, mientras hacía sonar los zapatones en el empedrado de la calle de la Piedad.
Leyó nuevamente la dirección de sus anfitriones: Flia. Zaldívar Unsué, calle de la Piedad. Un ramalazo de entusiasmo y una mezcla de coraje y rebeldía, le hizo renacer las rosáceas en sus mejillas. La travesía había sido muy larga desde que su madre la despidió en el puerto de Liverpool, hacía ya casi tres meses.
-No necesitas trabajar, Dorothy. Tu título de maestra será bienvenido en cualquier escuela de Irlanda -le había dicho su madre. Pero ella no atendió los consejos, nisiquiera tuvo piedad de su madre viuda recientemente, que quedaría sola en su país, porque eran de muy alta estima los auspicios de éxitos que le había anunciado la directora del Liceo.
-Sabe perfecto castellano y es estudiosa incansable de la América del Sud, sin contar que viven en Buenos Aires unos parientes lejanos de la rama materna. -Un argentino, Bernardino Rivadavia había acudido al Reino Unido para solicitar un empréstito y otra demanda: seleccionar maestras para abrir escuelas en la Gran Aldea, como solía decir.
Dorothy rememoró esos momentos y confirmó sus convicciones. Sus ansias de enseñar se verían satisfechas a corto plazo y nada iba a impedírselo. Se aferró los invisibles para sostener su cabellera roja, impinó su naricita llena de pecas y fue hacia una de las barandas de cubierta. Todavía no podía vislumbrar la tierra que la esperaba.
El cielo estaba encapotado y se distinguían apenas unas manchas difusas. El capitán le había dicho que en Buenos Aires todavía no había puerto, por lo que el barco anclaría a pocos kilómetros en medio del río y después unas chalupas y paquebotes trasladarían pasajeros y bártulos hacia tierra firme.
Las aguas estaban encrespadas. Parecía el mar y ese color amarronado, seguramente no sabía a sal. El Río de la Plata es un estuario. Ella había estudiado qué es ese tipo de costa y también se había informado sobre la historia del incipiente país, al que estaba llegando.
Cuando el rumor de las tareas de desembarco y el griterío de órdenes a los marineros se hizo reconocible, ella fue a su camarote; se cambió el vestido arrugado y salobre, por otro de tono beige sobre varios pollerines; se puso una camisa blanca llena de alforzas en el canesú, que se cerraba hasta el cuello; se calzó los zapatos abotinados y se colocó con primor una capotita al tono, atada en su barbilla. Guardó en el baúl las otras pertenencias, su diario de viaje y el diccionario de español. Colocó con cuidado la carta ya ajada en la carterita de pana azul, junto con los datos de arribo y la carta de recomendación de su Liceo.
Miró desde el ojo de buey las aguas turbias y se dispuso en la fila para el traslado a tierra. Parece Londres, por la bruma, pensó. Pero la humedad en ese mediodía le dijo que se equivocaba. Su cabello encrespado ornaba su carita oval llena de inquietud y sus ojos verdes buscaron a la persona que estaría esperándola.
La chalupa en la que viajaba se zangoloteaba al ritmo de los remos y en la costa ya se divisaba una muchedumbre confusa. Caminó con paso inseguro por la pasarela de madera rústica, hasta que pisó tierra. Tierra, barro y charcos. Más charcos se arremolinaban con la brisa. Miró hacia el cielo para agradecer y en ese instante, los primeros goterones la refrescaron. Una voz varonil la sacó de sus pensamientos.
-¿Señorita Dorothy? Soy el primo segundo, Salvador Zaldívar Unsué, para servirle.
-Un gusto, primo. Estoy agradecida por la recepción.
Salvador tomó el baúl en un hombro y con su brazo libre y el capotón negro, cubrió la espalda menuda de la joven. Ella se dejó llevar, a la vez que, por el rabillo del ojo, vio que el muchacho, un petimetre de la alta sociedad porteña, la observaba con curiosidad.
-¡Fuera, mocosos! ¿No se dan cuenta que nadie les dio vela en este entierro, che? -Los negritos que ofrecían los servicios de acarreo, se hicieron a un lado y relucieron más sus dientes blanquísimos en la piel oscura.
-¿Qué será eso de darle vela en este entierro? -ella iba pensando y supo que tendría mucho más que aprender todavía.
-¡Cómo me voy a florear con esta prima en las tertulias y los bailes! -iba pensando el otro.
-"Gavilanes" -Eso había dicho la tía de Argentina, que tuviera cuidado, porque muchos le iban a "arrastrar el ala". También eso iba pensando Dorothy, mientras hacía sonar los zapatones en el empedrado de la calle de la Piedad.
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viernes, 26 de julio de 2013
¿Descubrimos la alegoría?
Su nombre es así, sincero y abierto, porque es amigable y adora la naturaleza, especialmente a los gatos, respeta a las personas y disfruta de los placeres simples de la vida. Sólo por eso viajó a Berna.
Había algo que lo inquietaba, como una espina enterrada en la palma de la mano, como se incrusta una sanguijuela en la planta de los pies. Me acuerdo cuando una vez se le hincó una astilla de madera, mientras trabajaba en la obra.Otra vez se le llagarfon las manos en el trabajo duro. Pero siempre resurgió, como Fénix; porque él es capaz de similares superaciones, además, de montar su caballo alado para descubrir los misterios del firmamento, e idolatrar a la luna.
Han sucedido muchos acontecimientos en su corta vida. Se sumergió en el fondo del mar, recorrió los siete mares, como Ulises, profundizó en el Hades, probó el mundo y lo degustó, se zambulló en el inframundo, y también categorizó a sus pares, jóvenes como él, hasta en el horóscopo. Y persiguió sueños, buscando que los astros logren alinearse. Se montó a una nube para recorrer y disfrutar sus fantasías, atravesó tormentas, trepó a la montaña más alta, y después cayó, hasta embrutecerse como las bestias solitarias. Agachó la cabeza y subió cincuenta escalones, bajó otros cincuenta y volvió a subir y otra vez a bajar, cuantas veces fuera necesario, dijo.
Otras veces, es un Pegasus; otras, un Prometeo que robó el fuego de los dioses y voló hasta la cima del Monte Olimpo. Franco es así, inquieto, nostálgico y curioso.
¿Por qué no hay paz en el mundo? Consultó a todos quienes podrían ayudarlo, para satisfacer esa respuesta. No lo logró, porque en este mundo tan polifacético y global, hay que considerar todas las aristas, todos los aspectos, todas las circunstancias. Consultó a Freud por esa pulsión vida-muerte, por ese impulso vital que todos tenemos y por ese ansia que nos carcome, ante la posibilidad de la muerte. Concluyó que nuestra agresión podría empujarnos hacia la guerra, pero el ímpetu del amor la evitaría.
Interpeló a los científicos, porque en muchos casos, la ciencia favorece la vida, o la prolonga, y en otros, es utilizada para el mal, como la guerra, y pensó en Hiroshima y Nagasaki. Se asombró cuando leyó un artículo que contaba la historia de cinco científicos, ganadores del Premio Nobél. Ellos donaron su esperma a un banco de sangre, y por lo menos tres mujeres, fueron inseminadas. Querían tener hijos tan lúcidos e inteligentes como los Nobél. Se dice que doce mujeres están en la lista de espera, porque quieren concebir sus hijos con esas características, pero también con cuerpos atléticos, con ojos celestes, con nariz respingada... y no se consiguen dadores.
Supo también que la ciencia está estudiando el fenómeno de la "Eugenesia" para el mejoramiento genético, o para eliminar los desórdenes patológicos, y así, iban vagando sus pensamientos, hasta que llegó a Suiza.
Recorrió Berna, se detuvo ante el reloj gigante y observó al Dios Cronos; a la hora exacta vio al oso, al bufón, al gallo de la veleta. Eran las doce del mediodía. Pasó por Kramgasse , y al llegar al número 49, ingresó. Allí estaba la casa-museo de Albert Einstein. Vio fotos familiares, reconoció a su esposa Mileva, a sus hijos, y descubrió el hogar humilde donde vivía, los muebles y los objetos más preciados, su violín. Para su sorpresa, no encontró lo que buscaba. Nada había de esas interminables epístolas entre él y Freud. Él , considerado el fundador de la concepción filosófica, moderna y científica, el creador de la teoría de la relatividad y un defensor destacado del valor de la paz en el mundo.
-¿Qué haremos para liberar al ser humano de la locura de la guerra?
-No se puede detener ni prevenir la barbarie -le contestaba la otra eminencia. Ambos, el físico y el psicólogo, no encontraron respuestas y sobrevino la guerra y otra vez, la ciencia era utilizada para el mal.
Salió del apartamento, ajustó su mochila, se encasquetó la gorra, deslizó la visera hacia un lado y bebió el agua pura de la fuente del ogro. Regresó por Kramgasse y se dirigió al centro histórico. Cruzó Bundesplatz y se encaminó hacia el río Aare. "Kaffe und kuchen". Las letras titilaban en la marquesina. Afuera, los viandantes gozaban del día espendoroso de primavera. Ninguno de ellos tenían las preocupaciones que a Franco hostigaban.
Vio cómo las familias y las madres acompañaban a sus pequeños en la plaza del ajedrez, donde los niños movían las grandes piezas. Otros reían, mientras se divertían en los juegos del parque. Las flores y los brotes nuevos se alineaban en perfecta armonía en los jardines. La vida nueva y el renacer de los tulipanes parecían competir con la belleza de los Alpes nevados, iluminados por el sol, allá a lo lejos. Se acomodó en la baranda para ver el río fluir con pacífica calma.
Ël había visto a grupos de empleados que bajaban al parque y se acomodaban en los bancos mirando el río, para compartir la comida en el receso del mediodía, o a los estudiantes y los viejitos, leer al sol.
Algo inquietó a Franco. El estaba percibiendo que una mirada escrutadora le atravesaba la espalda. Se dio vuelta con lentitud y ahí la vio. El sol, o un halo angelical resaltaba su belleza rubia. Ella bajó la vista de reflejos azules y sonrojó aún más sus cachetes colorados, cuando el muchacho la miró con esa mirada marrón café, abarcadora, que parecía desnudarla. Su amplia sonrisa seductora le decía: "No disimules, que te descubrí".
Se acercó, su ubicó a su lado, la vio comer con parsimonia y luego, porque las palabras de lenguas diferentes no tenían lugar, él la tomó de la mano y partieron. Los senderos inundados de sol los acompañaron en la travesía que iniciaban y auguraron un amor que nacía.
martes, 4 de junio de 2013
La víe en rose.
El puente de Aleixandre está cortado en ambos extremos. Hay manifestaciones; unos, en defensa del matrimonio gay, y otros, "par contre"
En las puertas del bar "Le procope" del Quartier Latin, circulan los turistas. Se detiene porque le llaman la atención los retratos de tres hacedores de la revolución francesa. Ella mira, alternativamente, la carta publicada en el ingreso, y la calle de la Antigua Comedia, donde tres chicos bailan hip-hop, espectáculo a la gorra. Le entusiasma el aroma que despide la exquisita cocina francesa y se le hace "agua la boca" el gallo al vino, aunque los precios la desaniman, tanto que ya se le está pasando el hambre.
Por el lado del teatro de la Opera, viene zigzagueando, copa en mano, un alemán que destila alcohol por todos los poros, y de su boca salen palabras gangosas e ininteligibles. Ella piensa "Tengo que ingeniármelas para conocer la historia que se guarda entre las paredes del "Procope". Una intriga le pincha la piel, al tiempo que la curiosidad le hace rasgar esos retazos de historia, que parece vibrar todavía en el ambiewnte, mientras el rostro adusto de Danton, Marat y Robespierre la observan.
-Pardon ¿Por qué se llama "Le Procope"? -En un impulso desmedido, le pregunta al mozo que está atendiendo a unos comensales en la vereda.
-Es por Procopio dei Coitelli, un veneciano que fundó este mismo restaurante en 1686.
Se queda pensando y escudriñando el interior, donde alcanza a ver un retrato de Voltaire, y al lado, un homenaje al banquete de los poetas.
La pareja de simpáticos franceses, que parecen habitués de Saint Germain des Pres, al notar su interés, la invitan a su mesa. Ella, maquillado al estilo María Antonieta, viste, sin embargo, ropa cara de las Galerías Lafayette. Él es un apuesto anciano parisino que apoya la galera y su bastón en la silla contigua.
-Sí, acepto. Sólo quiero conocer anécdotas de la historia de la revolución francesa, esos detalles que me servirán para motivar a mis alumnos en las clases de historia.
Él, monsieur Sarraute, se presenta y agrega que es pariente lejano del poeta; ella, Marie Louise, despliega toda la telaraña de arrugas en su rostro blanco, se limpia cuidadosamente los labios rojos , y sonríe con los ojos azules pequeños.
.Brindemos por este encuentro -dice monsieur.
Ella bebe con moderación, pero por momentos se extralimita al escuchar con atención esas sabrosas historia.
Se dice que aquí se reunían los principales políticos, periodistas y escritores. Era habitué en aquella mesa, Monsieur Diderot, que escribió los manifiestos de "La Enciclopedia", y también Monsieur Guillotín, quien creó ese verdugo mecánico. Se sentaba en aquel rincón, para dibujar.
-Eran todos jacobinos, al parecer.
-¿Sabes por qué se llamaron jacobinos? Porque todos ellos se reunían en secreto en el convento sobre la calle San Javobo, hasta que la Guardia Nacional los descubrió, entonces venían a comer aquí y a tramar sus intrigas. Era el Club de los Jacobinos.
-Que se unieron a los "Sans culottes" en contra de los girardinos -ella aporta- Todo eso dice la historia, y además aprendí algo más en el Palacio de Versalles.
-¿Has visto el Palacio de María Antonieta? -pregunta Marie Louise, la de los ojos sonrientes -Dicen que era una mujer muy dilapidadora de la riqueza, que se hizo construir un palacio en los jardines de Versalles, porque no soportaba tanta servidumbre deambulando por palacio. Sin embargo, muy pocas veces lo habitó.
-Lo cierto -continuó él- es que Francia estaba passando por una crisis financiera muy profunda, había descontento social y desestabilización política -Ya su voz estaba tan gangosa, como la del alemán de la calle. Las expresiones en francés se hácian cada vez más agudas - Tráiganos, una creppe de orange y chocolate, garzón.
-Y después, tú sabes, el asalto a la Bastilla, Luis XVI y su familia, huyeron a Las Tullerías, y vino la reunión en el Campo de Marte y la masacre. Danton no apareció más por aquí y se fugó a Inglaterra. Marat permaneció escondido.
-¿Y Robespierre?
-¡Ah! ése hizo guillotinar a todos los opositores... Se dice que más de cuarenta mil personas fueron víctimas del terror....
-No se díce "ése". Era Maximilien -Marie Louise lo corrige.
-Fue una agradable velada. Aprendí tantas cosas... -dice ella despidiéndose.
Monsieur Sarraut se coloca el sombrero, ayuda a su esposa con el abrigo, se despiden de la profesora, con dos besos cariñosos, toma su bastón y se van tomados del brazo hacia el Sena.
Todavía los artistas callejeros siguen bailando y haciendo piruetas. Ella se sienta en el cordón de la vereda y se pregunta por los oprimidos de hoy, por las injusticias, por los inmigrantes, por la corrupción, por la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, por las ideas de la razón, la igualdad y la livertad, mientras ve sobrevolar, como tres querubines culones por el cielo de París, a Montesquieu, Rousseau y Voltaire, que con gesto enfurruñado, se preguntan por las monarquías de hoy.
Ella se una a esos pensamientos y ve al rey Juan Carlos cazando elefantes en Bostwana y a la reina Isabel II festejando su sexagésimo aniversario como reina británica. Ve a Guillermo Alejandro y a Máxima en su fiesta de coronación. No puede dejar de pensar que, si bien Máxima es argentina, pero vive en Holanda, en su país no hay monarquías, pero todos son unos reyezuelos de opereta que representan el poder y lo ambicionan cada vez más, y su corte de pacotilla va creando terribles divisiones sociales. Un séquito de apludidores los acompañan.
Sigue caminando y una ráfaga insolente le levanta la pollera; ella se cubre por delante y otro torbellino le lleva la falda por encima de su cabeza.
-¡Pero miren, si Marilyn Monroe anda paseando por París!
-Vale un trago, muchacha -un español la invita y se van, champagne en mano, hacia el Pont's das Arts. Al pasar por un café se oye a Edith Piaff cantando "La víe en rose", y bailan.
Tal vez surge un amor de primavera y dejan un candado en el barandal. Es como una premonición, porque las esculturas de "El beso de Perseo" y de "Amor y Psique" se han escapado por un ventanal del Louvre. El palacio de Las Tullerías destella todo su esplendor sobre el río. Desde lejos, tal vez desde Notra Dame, el gorrión de París canta "No me arrepiento de nada"
La ciudad bulle; los chorros de colores en el cielo y en el Boulevard de los Campos Elíseos, parecen indicar que reina la paz.
toma su bastón y se van tomados del brazo hacia el Sena.
domingo, 26 de mayo de 2013
Lunes de aguas.
Había llegado a Salamanca y estaba observando las curiosidades gastronómicas que toda ciudad tiene, prendida a la vitrina de una pastisería. "Tenemos hornazos y el pan de cada día" -decía el cartel.
-¿Qué será un hornazo?- me pregunté. Imaginé que sería un pastel de pescado. Entonces, para averiguar y para degustar el sabor castellano, ingresé al local.
-Me llevo, Pepe Luis, ese hornazo de la vitrina -afirmó una clienta, vecina del Paseo de San Antonio. Pero eso sí, tendrá que ayudarme a bajar los escalones, porque el lumbago me tiene mal, y el Antonio, ya no es ningún estudiante, como verás! Nos deleitaremos con este hornazo, al menos.
-Es el último que me queda -pensé que debería comprar una empanada gigante de atún u otra clase de la rica pastelería española.
-En el lunes de aguas, los hornazos han sido todo un éxito.
-¿Qué es el lunes de aguas? -requerí al momento de mi turno.
-¡Ah! Una visitante argentina. Le explico, niña -Pepe Luis desplegó todo su conocimiento sobre el tema, con gran locuacidad.
-El lunes siguiente a Semana Santa, es una tradición que las prostitutas sean llevadas en barcas al otro lado del Río Tornes, para desatar los instintos reprimidos en los días de ayuno... Tú sabes, son días de contemplación interior, de retiro, de rezos, de velas encendidas, para purificar el alma. Las mujeres, entonces, además de aportar su cuerpo, llevan los hornazos, que son pasteles rellenos de jamón ibérico, panceta y chorizo. Van al otro lado del río, con los estudiantes de la Universidad. Ellos llevan el vino en botas y todo el día, hasta el anochecer, participan de la orgía y regresan pletóricos de dicha y de alcoho. El encargado de trasladar a las mujeres es el "Padre Putas", que así le dicen, sea quien sea el sacerdote de turno. Ellas lavan sus pecados en las aguas del Tormes, en el área de la Aldehuela.
-¡Ah!, no conocía esa tradición.
-Pues, te la has perdido, niña -dijo con picardía.
-Y bueno, si no hay hornazas, llevo dulces de almendras y almíbar, y si no hay estudiantes, ni Padre Putas, voy al Parque-Huerta de los jesuitas a tomar el sol y luego, iré a rezarle a San Antonio, para que me consiga un novio!
-¿Qué será un hornazo?- me pregunté. Imaginé que sería un pastel de pescado. Entonces, para averiguar y para degustar el sabor castellano, ingresé al local.
-Me llevo, Pepe Luis, ese hornazo de la vitrina -afirmó una clienta, vecina del Paseo de San Antonio. Pero eso sí, tendrá que ayudarme a bajar los escalones, porque el lumbago me tiene mal, y el Antonio, ya no es ningún estudiante, como verás! Nos deleitaremos con este hornazo, al menos.
-Es el último que me queda -pensé que debería comprar una empanada gigante de atún u otra clase de la rica pastelería española.
-En el lunes de aguas, los hornazos han sido todo un éxito.
-¿Qué es el lunes de aguas? -requerí al momento de mi turno.
-¡Ah! Una visitante argentina. Le explico, niña -Pepe Luis desplegó todo su conocimiento sobre el tema, con gran locuacidad.
-El lunes siguiente a Semana Santa, es una tradición que las prostitutas sean llevadas en barcas al otro lado del Río Tornes, para desatar los instintos reprimidos en los días de ayuno... Tú sabes, son días de contemplación interior, de retiro, de rezos, de velas encendidas, para purificar el alma. Las mujeres, entonces, además de aportar su cuerpo, llevan los hornazos, que son pasteles rellenos de jamón ibérico, panceta y chorizo. Van al otro lado del río, con los estudiantes de la Universidad. Ellos llevan el vino en botas y todo el día, hasta el anochecer, participan de la orgía y regresan pletóricos de dicha y de alcoho. El encargado de trasladar a las mujeres es el "Padre Putas", que así le dicen, sea quien sea el sacerdote de turno. Ellas lavan sus pecados en las aguas del Tormes, en el área de la Aldehuela.
-¡Ah!, no conocía esa tradición.
-Pues, te la has perdido, niña -dijo con picardía.
-Y bueno, si no hay hornazas, llevo dulces de almendras y almíbar, y si no hay estudiantes, ni Padre Putas, voy al Parque-Huerta de los jesuitas a tomar el sol y luego, iré a rezarle a San Antonio, para que me consiga un novio!
viernes, 17 de mayo de 2013
Según el humor, así se ven las cosas.
Cada ciudad, cada pueblo tiene sus secretos escondidos y los signos que la contienen. Es posible imaginar, entonces, su pasado, que no está dicho expresamente, porque cada segmento y según lo ilumine el sol o lo resguarden las sombras, tiene rastros, como arañazos, muescas, incisiones, protuberancias, hendiduras y paréntesis de lapsos sin historia.
Desde la sierra de Francia el joven se detiene para observar las sierras lejanas, apenas nevadas. Bajando por un sendero de robles, siente ya el aroma del bosque y los olores que le son familiares. Su pueblo y las casas rústicas del Mogarraz natal. Distingue la ermita y ya se acerca.Ve los retratos de sus vecinos, el de Eusebio Valdivieso y su señora Hortensia; enfrente, el rostro entrañable del anciano que ya no está, Don Carmelo Suárez y sus hijos Bernarda y Jacinto. Recuerda cuando el pintor Maillo decidió imprimir en las fachadas los rostros de sus moradores... Ya quiere abrazar a su padre, mientras el corazón late con palpitaciones aceleradas por la emoción y el esfuerzo. Al doblar la callejuela de la Cancilla, se recrea con los retratos de Fermina, su madre, y de su padre; junto al portal se reconoce entre el retrato de sus seis hermanos, y llora.
-¿Cómo ha sido ese peregrinar, hijo? -El padre ciego está ávido de ver en los vericuetos de su mente las imágenes de todo aquello que su retoño mozo ha visto.
-Es tanto lo que llevo grabado en la retina, que me esforzaré por complacerlo. -Deja sus botas cansadas, apoya el bastón de pregrino y cuelga su sombrero; luego descansa sus pies adoloridos en el agua fría de la alberca. Despeja el sudor de su frente, de igual forma, como para ordenar las ideas, los recuerdos, las visiones -Son maravillosas las estampas que he visto... majestuosas catedrales conviven en amable empatía con fuentes de aguas saltarinas, que le dan sosiego al viajero; como yo, no puede dejar de ver e imaginar las historias que contiene ese muro de piedra secular, esa escalera que conduce no se sabe a qué recóndito hogar, los senderos de antaño...
-Explícate más, hijo, que no logro ver lo que cuentas. Quiero percibir con todos los sentidos, como se descubren las líneas de la mano. Tocar mi mano y palpar la aspereza de los muros, su densidad y al tacto, el frior de sus paredes, para fantasear con la familia que habita en los hogares.
-Todo depende del cristal con que mires las cosas, y las personas, y aún más, depende del humor de quien observa. Debes suponer que, si pasas mirando sin ver, te pierdes los detalles. Por ejemplo, pasas silbando con la nariz levantada hacia el horizonte allá lejos, y puedes ver el río, una estatua, una torre, cuyas agujas pinchan el cielo azul, y conocer así el espacio cercano. Así vi casas humildes de tejados rojos, cubiertos de musgo y cuarteados por el tiempo y los siglos; vi a las cabras ramonear entre las encinas; vi a los cerdos deambular para comer bellotas; vi vacas rojas y blancas de cuernos encorvados abrevar en los estanques de aguas claras y flores blanquísimas; vi un toro bravo de lidia resoplar debajo de un roble frondoso de la dehesa. También vi alféizares de madera tallada, frontispicios de oro y taraceas, un reloj de cobre, una torre en incontables campanarios y vi a un menesteroso en la ribera del río Tormes, "una limosnita, por favor", y a su perro flaco, la estatua de un caballero, un ermitaño que bajó a la ciudad, una torre de cristal...
-Pues, Pepín, alcanzo a ver lo que describes.. ¿Pero cómo te has sentido?
-Si sigues mirando los tejados, los aleros, hacia arriba, puedes admirar una cigüeña empollando en el nido de un campanario que ya no resuena, y un hilito de agua que baja hasta la acera y te refresca, y tras las cortinas que se mecen con la brisa, no la ves, pero sabes que detrás, una muchacha casadera te observa y se ilusiona con el forastero caminador.
-Y te cansas...
-Sí, pero al final del día te quedas pletórico de dicha y con tortícolis. Recibirás el próximo día con alegría para iniciar la marcha nuevamente.
-¿Qué sucede si caminas con el mentón apoyado en tu pecho, mirando hacia abajo?
-Pues entonces, sólo ves adoquines, pies que circulan apresurados, zapatos que llevan todo el polvo de los caminos y alforjas cargadas en una mula de pezuñas romas, y las sandalias rotas de los mendigos. Pero no ves los rostros de los caminantes y vas con las uñas clavadas en las palmas y tu mirada quedará atrapada a ras del suelo, o en el agua que corre al borde de la calzada y las alcantarillas de aguas pestilentes, los espinazos de pescado, los trapos sucios...
-Imagino, hijo, que te quedas atrapado en la inmundicia.
-Pues sí, y es así como, si levantas la vista, verás en los alrededores de la aldehuela, el reverso del esplendor inicial. No más estatuas de bronce de todos los dioses, de todos los clérigos, de todos los poetas, ni un gallo de la veleta recubierto de oro, no más cúpulas de plata, ni un teatro de cristal, ni el rumor del arpa de la brisa en el follaje de un robledal. Sólo verás las vigas podridas en los soportales, una gran extensión de chapas oxidadas, sillones desconchados entre montones de latas y caños negros de hollín y sobre los techos de las casuchas, habrá ruedas de bicicletas o neumáticos de coches abandonados, que únicamente sirven para sostener en su lugar las techumbres, para que no las siga destartalando el viento. Y verás viejas desdentadas que juegan con el futuro de los transeúntes inocentes y doncellas lisonjeras y avejentadas, y chavales a los que basta con verles los rostros cejijuntos, para deducir su ignorancia y su falta de fe.
-¿Cómo terminas un día cuando ves todo con ese humor tan negro?
-Te ves inmerso en el sopor de la indiferencia, no consigues la paz interior que mi difunta madre me daba, y sigues más enfurruñado que antes.
-Tu madre te aconsejaba que seas capaz de descubrir la belleza de las cosas y de las gentes. Siempre te aconsejó eso, a ti y a tus hermanos.
Ahora el padre en su camastro, y el hijo en su litera, sueñan. El anciano, con lugares transparentes como las sedas de los baldaquinos, con ciudades caladas como el encaje de los vestidos de las mozas, con filigranas de ricas joyas y con el medallón charro que llevaba en el cuello su esposa fiel y pastora. El joven, con zumo de mosto, con una bocata de queso de cabra y jamón serrano, con una empanadilla de atún, y se relame. Palpa con manos febriles la piel tersa de la morenita que le dio su amor debajo del huerto de Calixto y Melibea, justo en la cueva de la Salamanca... Ambos entran en un sopor profundo, y descansan.
martes, 18 de diciembre de 2012
Vaquita de San Antonio y panadero de la suerte.
Como un duende que sueña, Renata está recostada en la hamaca paraguaya, colgando del tronco de un manzano y de un cerezo. La costumbre de pensar y recordar, mirando el cielo, le viene de herencia. La nona Margherita solía hacerlo meciéndose en el sillón de mimbre. En esas ocasiones, la mirada gris se tornaba casi blanca, cuando pasban las imágenes de su Piamonte natal.
A Renata le sucede lo mismo, especialmente cuando la melancolía del cielo plomizo le hace virar los ojos azules, que cambian imitando el gris de las nubes. Las estampas que ve son, sin embargo, distintas, porque recuerda su Santa Fe natal, tan diferente a este sur, donde ahora habita. Enrosca sus dedos en la cabellera cana y ve.
Una vaquita de San Antonio se posa en el pecho, junto al corazón y entonces ve a aquel muchacho que la lleva de la mano, desde el faro de la costanera de la ciudad. El río fulgura esa tarde y se hincha de costa a costa. Hasta puede oír el concierto de pájaros y un chamamé que trae el viento. Los camalotes pasan en islotes y se reúnen en los pilares del Puente Cogante. Ellos van hacia el norte, por el paseo de los lapachos florecidos. Frente al Lawn Tenis Club se detienen a descansar. Ella lleva una canastita llena de frutillas y comen los alfajores de dulce de leche y merengue. La dulzura en los ojos, en las manos y en la boca, atrae a un panadero de la suerte, uno de los tantos que vuelan al atardecer.
Recuerdan cuando se conocieron. "Kashbah" era la confitería de moda, donde iban todos los estudiantes. Él, de la Tecnológica; ella, del Profesorado, y también iban todos los del comedor universitario.
-¿Te acordás de la estación terminal, donde trabajabas como guarda-equipajes?
-Sí, y me regalabas un alfajor santafesino para el viaje de regreso a mi pueblo, en la despedida.
-Otras veces íbamos al cine club a ver películas de autor, sin pagar. Kusturika no estaba de moda por aquella época, aunque sí comenzaba a hacerse famoso el boxeador Carlos Monzón. Luego de los primeros triunfos se compró un coche largo y fastuoso. -¿Te llevo, rubia? -me había dicho una vez, cuando cruzaba la avenida Rivadavia, rumbo a la peatonal.
La playa de Guadalupe comienza a quedar sollitaria y el agua turbia y caliente de la laguna Setúbal golpea contra las bolsas de arena, que hacen la contención. La creciente se anuncia, se respira en el aire, y en los pronósticos.
Una casa lujosa cubierta de enredaderas de hiedra, madreselvas y Santa Rita, se destaca. Guardias en la garita, custodian el lugar. Un cartel severo, como un cancervero, junto al buzón, sugiere dejar los mensajes allí.
-Es la casa del ex gobernador y campeón argentino de automovilismo. Ahora es senador nacional.
-¡Ah!, yo sabía que su domicilio estaba cerca del Canal 13, Santa Fe de la Vera Cruz.
-Los tiempos han cambiado... como nosotros.
-Una vez vine a esta playa con mi hija y dijo: "Esto parece una sopa de lentejas, mamá. No es el agua fría y transparente que conocemos en el sur". Habían colocado un enrejado para detener a las palometas, tarariras voraces, que querían atacar a los bañistas.
Estamos llegando al final del paseo y nos topamos con la estatua del boxeador emblema, que lo inmortaliza en el barrio de Guadalupe. Ël no está más, pero ingresamos al restaurante, plagado de sus fotos. Comemos ahí pescado de río.
Renata siente ese sabor antiguo en las papilas. Sus manos todavía perciben ese cosquilleo en los dedos, cuando se enredaban en la cabeza renegrida. Él ahora le acaricia los pliegues en la comisura de los labios y alrededor de los ojos. No, no es eso. Es un panadero que se posó entre sus pestañas. Ve el mar liso y celeste de los campos de lino, antes de la prepotencia de los campos de soja, que lo invadieron todo.Divisa, muy lejos, los trigales meciéndose al viento cálido del norte.
-Mañana haremos otro paseo -me dice y se toca la cabellera escasa, como pensando el recorrido.
-¿Qué hacés, abuela? -la sorprende el grito de su nieto y la mirada blanca y quieta regresa al presente- Dale, que hoy vamos a ganar la posta familiar. Son 25 m. crowl, nada más. ¡Apurate!
domingo, 9 de diciembre de 2012
El encanto de la historia
El sur de mi ciudad tienen el encanto de la historia. Antes de acudir a la cita, recorrí los sendero del Parque Sur, entre los árboles añosos. La bris fresca de la mañana me trajo la evocación de esas tardes calurosas, cuando nadábamos sin pensar que el lago algún día se contaminaría , y luego nos tendíamos al sol, como si una tarde de sol perdida, fuero como desperdiciar la energía de la juventud.
Vi caminos prolijos, bici-sendas y plazas de la salud, donde mucha gente corrí y trotaba. Fui acercándome al convento de San Francisco. Una portezuela de la verja, chirriaba sobre los goznes herrumbrados y se balanceaba por el viento. Observé el portón de roble labrado, que estaba clausurado y recordé las garras del tigre, grabadas en el confesionario, testimonio único de la desaparición del cura. Los camalotes flotantes de la inmensa crecida, habían traído al animal, que desembarcó en el convento y sació su hambre y su miedo.
Frente a la casa de gobierno, una bandada de palomas se había concentrado en la plaza. Una anciana les deba alpiste y migas de pan. El bar "Sur" estaba como antes, cuando nos reuníamos los amigos, después del teatro o el cine, y la ronda del café avivaba los debates o políticos o de arte. Hasta el mozo que hoy atiende, bastante más deteriorado, parece ser el mismo. Se acerca a la mesa donde él me espera.
Sus hombros fuertes y su espalda potente, conforman la misma silueta que conocí, sólo que una cabeza cana, se inclina para indicarme la mesa. Nos miramos y en esa larga introspección, nos desnudamos hasta el alma, tanto que recuperé el rubor de mi juventud, y bajé la vista. Sus manos tomaron las mías, ya marchitas, aunque cálidas y vi en las suyas, las uñas percudidas de antaño, que mantienen el recuerdo del muchacho que reparaba su moto de cross para la próxima carrera..
-¿Seguís todavía con los fierros? -pregunté con la intención de interrumpir el idilio.
-Sí -me contestó agregói unas cuantas frases románticas que no me atrevo a reproducir. Un manto de turbación, otra vez me hizo sonrojar.
-¿Qué recorridos haremos hoy?
-Pienso llevarte al Parque Garay, para que veas los cambios y la casa donde antes vivías. Luego, recorrer el Boulevard Pellegrini y el Boulevar Zavalla, donde sigue estando mi taller, al lado del mercado municipal, que fue derrubado.
-Será un día para evocar. ¿Iremos por el puente hasta Santo Tomé?
-No, la inundación ha hecho destrozos. No quiero que te lleves recuerdos feos a tu "sur" de residencia.
Propuse después caminar por la peatonal San Martín, entrar en las librerías y revolver, como antes. Pasamos por una esquina donde antes había una zapatería y yo me quedaba mirando la vidriera para admirar los modelos. Se llamaba "Calzature Ragazza". Después me iba diciendo. "Esto no es para vos, ragazza".
Me contó acerca del accidente que lo alejó por completo de la competición, y así pude entender un poco, la reguera de su andar. Hablamos de los torneos de natación en casi todos los clubes, donde yo participaba, y después fuimos hacia el Club Quillá. El verde de enfrente rescataba la esperanza, ¿en qué? Y me devolvía lujuria y mansedumbre.
El puerto, las avenidas, el puente, todo se había modernizado en el run-run de una ciudad grande y en constante progreso.
-Y como todo cambia, también nosotros fuimos moldeando nuestras vidas en destinos diferentes -le dije -Este encuentro me regaló retazos de mi adolescencia.
La tarde se estaba desplomando tras los edificios, los tejados y los campanarios, que se cubrían con un tul púrpura. Entonces, en un silencio de aliento frío, nos fuimos deslizando por los resquicios de las calles estrechas.
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