jueves, 22 de septiembre de 2011

Rosario, 20 de abril de 1979 (continuac. de Madrid, 25 de marzo...)

Carlos:
            Me alegró recibir tu carta larga. No soy como vos, porque me doctoré para bruto. Ya en el industrial eso no me gustaba, lo de escribir, y menos literatura. En cambio vos sí. ¿Te acordás cuando para perder el tiempo le pedíamos a la de Ledesma que vos leas una parte de "Marianela"? Todo eso para no tenerle la vela con eso de Galatea y el gigante de un solo ojo, y entonces vos leías: "Su perro, Choto, se metía de nuevo en la cueva". Cómo nos cagábamos de risa!.
Bueno, acá sigue todo igual, la tornería y el fulbito con los muchachos. Les metimos una goleada el sábado a los de Villa Constitución. Las minitas, todo igual. Me contó mi hermano que Adriana anda con ese tipo que conoció en Bariloche, en el viaje de egresados, el que bailaba todo destartalado y se metió en la ronda con nosotros. Viene a verla cada tanto, pero es un viejo! Yo lo vi de día y es medio pelado, barburdo y tiene canas.
¡Ah! En mis ratos libres, ahora soy autónomo, ja! Me compré un matungo y un carro y me voy al basural de la ruta 9 y junto toda clase de fierros para vender en los desarmaderos y en las herrerías.
Bueno, viejo, ojo con las españoilas. Que no se te ocurra entusiasmarte, casi todas las mujeres son unas malas hembras egoístas y miserables. La más buena es tan venenosa como un sapo escuerzo y acordate que "Billetera mata galán".
Chau.
                                     Alberto, el empresario.

martes, 20 de septiembre de 2011

En el subsuelo, vértigo y náuseas (continuac. de "Madrid, 25 de marzo..."

Ayer me dispuse a recorrer la ciudad, y entre otras cosas, conocer a mi porima Angeles; como es tan lejos el sitio donde vive, tomé el metro en Antón Martín. El plano decía que tenía que ir hasta enganchar con el ramal circular que va hasta la ciudad universitaria. Se imaginan "un pajuerano" de Rosario en esta gran ciudad? Fue como recorrer el inframundo o el purgatorio permanente.
Lo interesante de andar en subte es que po´des mirar las caras de los viajeros; están los que se conocen todo, que leen el diario de parados y por el ruido que hace el coche, ya saben dónde tienen que bajar; están los desorientados que van mirando el plano del metro de Madrid y, alternativamente, los nombres de las estaciones; están los vendedores ambulantes que te acosan vendiendo chucherías; están los ciegos, o los que se hacen; están los niños pedigüeños; están los viejos libidinosos que "las apoyan" a las lolitas ...
-Viejo verde! Ahí tenés, pa' que tengas -un sonoro cachetazo se oye entre gritos y vociferaciones.
Están las gitanas cargosas y vengativas, si no aceptás que te adivinen la suerte... en fin, la fauna urbana, de lo más variada.
No quise distraerme con la gitana, porque no podía concentrarme en mirar por dónde andaba; los nombres no me resultaban conocidos, como Tirso de Molina, Alonso Cano, Bilbao...
-No quiero, no me moleste! -le dije a la gitana gorda y desgreñada.
-Pues, ya te adelanto que tendrás una vida negra, y pronto te vas a morir, pero de amor, que es la peor manera de morir! -me contestó.
Y yo, que estaba un poco nervioso porque no quería permanecer más tiempo en el subsuelo, ya sentía vértigo y náuseas, ésas del encierro, me puse a pensar en Adriana, de Rosario, que me dejó medio tarado. Entonces leí "Cuatro caminos". Rápido bajé porque ahí tenía que hacer el enganche con el otro ramal, sólo dos estaciones más.
Al fin salí apurado, no tanto porque me ahogaba y la claustrofobia, y eso, sino por los empujones de los que salían como escupitajos hacia el exterior, a cielo abierto.
Caminaba rumbo al sitio donde vive mi prima y el respirar ese aire puro, entre los árboles y los caminos prolijos, me vinieron imágenes de las calles de mi barrio, en Rosario, el parque Independencia, el boulevard Oroño y los plátanos añosos... y la calle Pichincha, cuando al salir del taller me sacaba el overol grasiento, me lavaba los sobacos y las manos, ni me peinaba porque tenía la cabeza rapada por prescripción militar, y agarraba esas yecas de Dios...
Pero bueno, haber si la encuentro a esta prima, porque cuando uno anda medio nostalgioso, y rodeado de gente extraña, tenés ganas de conversar con alguien de tu sangre, aunque más no sea.

lunes, 19 de septiembre de 2011

A la hora de la siesta, el sol madrileño.

Madrid no se detiene, ni a la hora de la siesta. A Carlos le da lástima gastar su tiempo cerrando los ojos y perdiéndose de mirar todo lo que puede ver para asombrarse, a cada rato.
Hay abuelos lanudos y encorvados debatiendo en todos los asientos de las plazas.
-¡Pues sí, antes te casabas pa' toda la vida!
-Ahora se casan y se descasan como así, como uno se cambia el calzón, de vez en cuando.
-Vi en la TV lo de la nueva ley de divorcio, pero no pude escuchar más, porque la Carmela me sacó el control a distancia pa' ver la novela. ¿Puedes tú creer eso? Y eso que cumplimos ya las bodas de oro.
Decide que está bueno sentarse en la Plaza del Angel, y comer algo, un yogur y un kebab árabe que compró al paso, por la calle de las Delicias. Deja a su lado, en el banco, el cartón grasiento y piensa qué adelantados están en España con el tema de la contaminación. Ya no dan más bolsitas de plástico, son de papel. Se encandila por el sol y por los ojos de una niña larguirucha y pálida que palmotea en frente de él, para sacarlo de sus reflexiones.
-¡Ala, hombre! que la basura se deposita en aquellos recipientes. Sácala, pa' que me siente.
Le hace lugar, y la observa en silencio, mientras engulle su bocata. Entre mordisco y mordisco le dice que se llama Sofía, y que trabaja como repositora en el Hipercor, que no es el mismo donde Carlos pide propinas.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Madrid, 25 de marzo de 1979.

Alberto, amigo:
                        Como verás, ya me encuentro en Madrid. Sabés que hace tiempo estaba queriendo salir de Argentina, desde que me echaron de la tornería. ¿Seguís trabajando con ese capanga? Tuviste suerte que no te agarraron a vos durmiendo entre los fierros del depósito. También te habrás enterado de todos los tramiteríos que hubo que hacer; el tío José, que es abogado, me dio una buena mano, pero allá uno no podía soportar más, una malarial, viejo!... Fue como una premonición para decidirme,  cuando vi en la tapa de la revista "Humor": "Prohibido mirar, hablar, escuchar..."
Bueno, pero para qué te voy a contar. Mejor te digo cómo estoy acomodándome en esta ciudad que es muy "cojonuda". Acá también te controlan todo para dejarte ingresar. Primero, el aeropuerto de Barajas, un mundo, che!. Además de los dólares que llevaba para mostrar que tenía "pasta" para permanecer, tenía una carta de mi prima Angeles, que es de Badajoz, pero vive acá en Madrid, en la ciudad universitaria, porque está estudiando Edafología (todavía no sé lo que es eso). Los tiras miraron la carta y no me sirvió de nada, pero sí prendió la carta de la tía Josefa, la viuda que vive en Pamplona, invitándome a visitarla, porque hay posibilidades de heredar parte de sus propiedades. El tío Joaquín tenía un campito y se dedicaba a la cría de cochinillos, pero espichó. Cuando se habló del tema, mi prima de Figueroa, que es más ignorante que yo, se pensó que se dedicaban a la cría de chinchillas, y ya se imaginaba vestida con pieles!
Sigo, porque cuando me contestes me contarás cómo te va a vos en Rosario. Como un judío errante, arrastrando mis bártulos, busqué algo barato para vivir, pero todo es tan caro!. Al final, conseguí una pieza en la calle Huertas, bastante céntrico, no tan caro (24 euros) y cerca del Museo del Prado y la estación de Atocha. Se llama "Vetusta", y la dueña es una viuda muy vetusta, que quiere decir vieja, pero tiene unas hijas que están re-buenas. ¿Viste lo que se habla del destape español? Estas minas están re -calientes, apenas te ven por los pasillos, se levantan la remera y te muestran las tetas, redondas y suavecitas. Y no te podés hacer el distraído... lo que pasa es que fueron muchos años de taparse, de vestirse con ropa oscura, y de no mirar a los hombres. ¡Uy, viejo!, imaginate si viviéramos juntos, la de jodas que nos mandaríamos, ¿no? A propósito, cómo está la flaquita Adriana, ¿la ves? Contame después. Me tenía bastante perdido con sus "que sí, que no, que después". Abajo del hotel hay varios bares de tapas y pubs adonde concurren los chulos del barrio y muchos extranjeros de paso, y otros, como yo, que están descubriendo recién la ciudad. También hay tascas de "chamberil", como le dicen, que son baratas y va gente ordinaria, pero te divertís a lo loco, no sabes!.
Para pagar la pensión y comer, por ahora, trabajo en el estacionamiento de un hipermercado. Te pagan unas chirolas por cargar la mercadería en los coches de los clientes. ¡Unos coches de puta madre!
Mañana, que me tomo franco, voy a agarrar un subte para ir a ver a mi prima Angeles, que vive cerca de la Moncloa. Te imaginarás que todavía no vi a los reyes, creo que viven por ahí... Averiguaré también qué carajos es eso de la Edafología.
Bueno, amigo. Espero que ésta te llegue pronto y que escribas contándome de tus cosas.
Un abrazo.
                    Carlos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Laberintos con zapatos y tacones.

El público es muy heterogéneo. Hay preponderancia de especímenes raros: estudiantes prestas a tomar nota con errores de ortografía en sus cuadernos; veleidosos intelectuales llenos de citas en la cabeza; bohemios vanidosos de utopías dialécticas y anteojos; jubiladas que hacen cursillos de interpretación de textos literarios; académicos de diatribas, exégesis, hipérbaton y elipsis. Junto a ellos, individuos normales. Por ser amplia la audiencia, se habilita otra sala accesoria. Mientras finalizan los detalles de instalación de la pantalla gigante, el sonido y las luces, los asistentes se acomodan.
A ella le queda un lugar entre los últimos asientos, en la zona más oscura. A su lado se instala un muchacho rubio, esmirriado, un poco cojo. Se da cuenta por el bamboleo al caminar cuando buscaba un lugar, y más tarde, lo corrobora al ver que el zapato derecho, abotinado y negro, tiene una zuela que triplica a la del pie izquierdo. Su aspecto es llamativo, especialmente por unos ojazos verdes soñadores, de cejas finas y de tez blanca salpicada de pecas; todo enmarcado con una barba prolijamente recortada, que termina en una punta de pelos colorados y sedosos. Se establece entre ellos una corriente de simpatía que los acerca más allá de lo común, para circunstancias como ésas. A su derecha están ubicados una pareja de conocidos que la saludan con inclinación de cabezas, aunque ella poco puede advertir. La charla versa, quizás, sobre teoría literaria de algún autor contemporáneo. Su disposición está plenamente enfocada en esos ojos que la cautivan y su voz suave que, cada vez más cerca la va arrullando en su oreja izquierda. No sabe cómo llegaron a esa íntima comunicación. En esos momentos él está recitando los versos de un poeta desconocido, que a ella, casualmente, la habían conmovido cuando los leyó. Una primera aproximación que los identifica. Habla de amor, de la delicada esencia femenina, de sus emociones, de sus contradicciones, de sus sensaciones... Sí, de sensaciones, que en estos momentos comienzan a sofocarla, a la vez que descubre sus manos húmedas, y unas gotas transpiran su frente acalorada. 
No puede concentrarse en escuchar lo que anuncia el animador en el intervalo. Entre el público que conversa con animación, alcanza a escuchar una voz que le parece conocida. Es la de una publicidad: "¡Pero, si estás más linda que nunca!" Entonces, aprovecha la ocasión para despejar suavemente la mano que el joven había puesto, como distraído, sobre su rodilla. Los pliegues de la amplia falda marrón, disimulan la mano que va y viene, en círculos concéntricos, se detiene, y recomienza hacia el otro lado, sobre el hueso puntiagudo de la pierna cruzada, coqueta y de tacones altos, que se ofrece... Quiere y no quiere... Así, se incorpora súbitamente y empuja entre el remolino de señoras, para alcanzar un pote de crema de promoción. Aunque le hubiera gustado obtener una humectante anti-edad, sólo consigue una protectora solar; esa crema también contiene ingredientes para blanquear las manchas oscuras que suelen afear la piel de las mujeres maduras, que han estado expuestas al sol durante una vida. Cuando está agradeciendo al promotor, siente en su cintura una presión que, sin palabras, le está diciendo que aún es una mujer apetecible. El inicio de la próxima alocución se está demorando un poco.
-Miré la hora y calculé que quedaban unos escasos treinta minutos para ir al encuentro de mi hombre- Su voz y sus gestos parecían decir "de años repetidos, de días grises de cotidianeidad y confianza".
-¿Has dicho "miré"  y no "miró" -la hace reflexionar la terapeuta - ¿Entonces, la protagonista de este sueño sos vos?
Desde el diván ella no contesta y cae en la cuenta que lo que más le interesa es terminar el relato, sin considerar los pronombres personales, ni la persona verbal, aunque sí pensó en Tony, que estaría esperándola en el sitio acordado.
-¿Por qué había yo olvidado por esos momentos las cejas pobladas de Tony, su cabeza adornada con rulos abundantes, su cuerpo vigoroso, enfundado en el overol azul, salpicado de manchas de grasa, pinza en mano, en cuclillas, ajustando tuercas en su moto de competición? ¿Por qué no tenía memoria de esas manos toscas que la acariciaban desde siempre, como siempre, de un modo tan predecible? Tanto, que le hacía adivinar lo que vendría a continuación, y ella sabía que el beso que seguía era en su espalda... y nunca en su cabeza, o en los párpados, o en su nuca, y nunca la succión de un lóbulo huérfano de caricias para poder ver fuegos artificiales? ¿Por qué ese cielo siempre igual, esa luna plateada, quieta y redonda, cabrilleando sobre las olas, sin los matices del menguante, o del cuarto creciente?
La charla está tornándose un poco tediosa y se advierte que los expositores compiten para demostrar sus cualidades para la crítica literaria.
-Abundan en su obra los pasajes, irónicos, o serios, en que reconoce las fuentes, verdaderas o apócrifas...-dice uno.
-Hay metáforas de De Quincey para traducir la estructura del cosmos y su clave divina...-agrega otro.
-Una nueva retórica, una fresca sensibilidad...-la exponente hace una pausa y bebe del vaso que tiene enfrente.
El cosmos, los discursos, las fuentes apócrifas, se enredan en una verborragia imposible de seguir.
-Entonces acepto la invitación.
-¿Acepto? -la psicóloga anota en su libreta, sin disimulo.
-Sí, y nos vamos por un pasadizo con espejos enfrentados, por laberintos intrincados de cosmogonías infinitas, en un tiempo cíclico, cuando en una bifurcación agnóstica, aparecen bajo la recova, dos siluetas de capucha oscura, cadenas, tachas y botas negras, que nos atacan arremetiendo con cuchillo y nos despojan de ropa, cartera, zapatos y accesorios. Nos dejan desnudos en el arrabal del segundo crepúsculo y de la noche que se ahonda en el sueño.

Fragmentos del relato de este sueño están publicados en la tercera ponencia sobre "Ambivalencias en la psicología femenina. Dicotomías entre lo permanente y lo efímero" del XV Congreso Internacional de Psicología, llevado a cabo en el nuevo Centro de Convenciones. Cabe acotar que hubo problemas con la acústica en la sala mayor. Se anuncia la publicación de las monografías en la revista actualizada que estará disponible en el Colegio de Psicólogos, sito en la calle Urquiza.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Sobre llovido... mojado.

-¡Doña Carmen! Hace muchos días que no la encuentro. ¿Pero qué le pasó? ¿Por qué se tapa con ese pañuelo?
-Es que.. tengo un moretón muy feo, Dora, me choqué con el ropero.
-No le creo nada. Dígame la verdad. ¿El Remigio le pegó?
-No, solamente me zamarreó de los pelos.
-El hombre es un ser malvado. Y ninguno tiene cura.
-Bueno, yo vine a aprovisionarme, hay ofertas en esta semana.
-Mire... si lleva tres, paga dos.
-Desde que el volcán escupió cenizas y arena, estamos fritos.
-Sí, a mí me vinieron los parientes del campo... Todos amontonados en mi casa ¿se imagina? Abandonaron todo porque se les están muriendo las ovejas. Por suerte, mi comadre hace la comida.
-Y seguro que estaban preñadas, pronto es la época de parición.
-Sí, vinieron con el tren y les permitieron traer una borreguita recién nacida... es tan tierna. Es una mascota en mi casa.
-¡Ah! Sobre llovido... mojado. Mi compadre me dijo que en Villa La Humosa se están alojando los que vienen a radicarse acá. Debería mandarlos para allá y sanseacabó.
-Es que ahí, al lado del basural viven muy mal...
-Pero Uds. no pueden hacerse cargo de las miserias de otros...
-Los chicos, que son cinco, comen de lo que sacan del vertedero, porque nosotros no podemos alimentar tantas bocas. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar la quema!
-¡Un asco! y encima, vio anoche en la tele? Se nos vienen las ratas, y se están comiendo todo, hasta las gomas y la leña. Ayer nos entregaron la leña por el Plan Calor.
-Lo escuché en radio "Mascaró". Dicen que hay que mantener limpio y ordenado el predio.
-Sí, pero también, oiga, los vecinos son unos roñosos. Yo la agarré de las mechas a la atorranta ésa, para que haga algo con la leña tirada ahí.
-¿La de Alarcón? Ya sé, no sé si de Alarcón, o de Ojeda, o de Pichunleo. Está siempre largando hijos y dice que por la panza no puede hacer nada en la cas. ¿Qué le parece?
-Yo voy a comprar trampas, cebo, veneno, de todo!
-Aparte, hay que rellenar los "aujeros" con "Virulana". En mi barrio te cobrar un ojo de la cara el paquete.
-Dicen los que saben que esto que está pasando es porque floreció la caña colihue y eso pasa cada sesenta años. Se comieron todas las semillas, engordaron, se multiplicaron más de la cuenta, y ahora están hambreadas...
-$12 el paquete, llevo dos.
-Yo no le creo a ésa, la hija del guardaparque. Más bien les creo a los Testigos de Jehová, que se viene el "apocalipse" nomás.
-El pastor de la Iglesia Metodista también dice eso. Es que nos portamos tan mal...
-Por ejemplo, al Jonathan lo agarraron a la salida del boliche y lo castigaron fiero. Tuve que ir a buscarlo a la "sesional". Al amigo, al Cristian, lo dejaron adentro porque dicen que se había afanado un autoestéreo.
-¡Ay! Ud. tiene puros varones... y esos críos siempre andan en líos, siempre en pedo, por ejemplo mis vecinos, vuelta a vuelta, en cana.
-¿Y sus hijas, qué tal?
-La Yessi abandonó la escuela y dice que quiere trabajar, pero otra vez está en estado. ¿Qué me dice?
-¿Y el padre? ¿Se borró?
-Ella no me lo quiere decir, pero creo que no sabe si es el de "El Pilar", o del que trabaja en el "shopin". Los dos son unas ratas, igual...
-Me contaron que las ratas muertas de hambre salen del cañaveral y van a tomar agua, o les agarra el "estres", y se suicidan...
-O entran a las casas de uno a robar comida con todas las crías atrás.
-Tengo que llevar polenta, está barata ¿eh?
-¡Ay! Qué mundo más decalabrado.
-¿Y los políticos, qué me dice?
-Me tienen podrida. Puras promesas y después de la campaña, estamos igual. Todos los candidatos prometen que van a mudar el basural... tantos años y sigue ahí cada vez más grande!
-Hola Yeny, ¿comprando?
-Y sí, de esto no nos salvamos. Chau.
-Ahora se tiñó de colorado, ¿la vio?
-Y claro! Si anda con el presidente del Concejo, lo juro!
-Se ve que la atiende bien. ¡Cómo engordó la yegua ésa!
-Pobre el marido, todo el día con el culo en la cal. Mire, si yo fuera él, la fajo, le cuento.
-¿Y la otra hija, la Claudia, trabaja?
-Sí, en lo de la Pety, que ahora le dicen "cuafer", y viene siempre con un olor a cosméticos, a tintura, no sé qué. Y a mí me da por estornudar, y ¿sabe? Ella llega y me dice: "Otra vez guiso, y picando cebollas!QSabés que me hace llorar". Eso me dice.
-Otra cosa, con esto del volcán, ni truchas podemos comer. Mi viejo iba siempre a "furtiviar" al arroyo, pero ahora se termino. Aparecen pescados muertos, dicen que por la contaminación.
-Después van a aparecer pejes con tres ojos, como en Los Simpsons...
-Y los incendios que vamos a tener este verano... porque las cañas se secan. Estamos fritos. Encima, hay cortes de luz a cada rato, como ayer, que me perdí la novela del canal 9.
-Las cenizas perjudican los alternadores y se corta todo... hay que desenchufar todos los electro-domésticos. Yo me compré un LSD en cuotas. Buenísimo, es como un cine.
-¡Uy!, qué tarde se hizo, y nosotras, de pura charla, lo más campantes.
-Voy a hacer algo rápido, salchichas con puré.
-Otro día la voy a visitar y nos tomamos un té o unos mates. ¡Ah!, y cuídese. No vaya a ser que se choque otra vez con el ropero, eh?

sábado, 3 de septiembre de 2011

Conversación en "La Barraca"

-Lindo lugar, no?
-Me dijo Silvia que no podía venir.
-¡Uy!, mirá, allá viene la homenajeada...
-Parezco una gallina desplumada, como las coloradas, después de poner el huevo!
-Este collar me lo compré en Miami.
-Mirá qué flaca está aquella...
-Le dije que se ponga rimmel anti-agua, pero nunca se maquilla.
-Se conserva, parece, por el frío y las cenizas...
-Habrá que agregar más mesas, porque vienen llegando más.
-Le queda bien ese color, ¿no?
-Firmen la tarjetita para el regalo.
-La moza está atosigada... no da pie con bola!
-¡Cómo, no me conociste, Negro!
-No, yo te miraba las lolas...
-Dicen que tiene novio...
-A ver, a ver, ¿dónde nos ubicamos?
-En el precio están incluídas dos pintas, o dos gaseoas, o un vino para cuatro.
-¡Qué bueno, también vino la Negra!
-¿Tudo beim?
-Por favor, las flores, un ratito en agua.
-¡Uf! Qué calor.
-Yo soy a-térmica... más bien tengo frío.
-Creo que más bien sos a-temporal, vos.
-¡La bebida, por favor!
-En la mesa de allá hay cuatro ex alumnos, y cómo nos miran!
-¡Te hiciste alisado permanente? Me encanta!
-Dicen que después habrá show.
-Si habla, se va a poner a llorar, te lo garantizo...
-Vení, sacate una foto con nosotros.
-¡Y después, acá!
-Estás divina, che!
-Entonces, te hacés así, con las manos, y ya está.
-Tengo hambre.
-¿Y tus hijos?
-¡Ya sos abuela, no me digas!
-Ese pelado de la barra te está mirando hace rato.
-No me gusta, tiene mucha panza.
-Bueno, les cuento...
-¿Te acordás cuando...?
-¡Qué le pasa a aquella...Podría haberse puesto algo más suelto... mirale los rollos, la de la mesa de la derecha...
-Acá, tinto, por favor.
-Para mí, una mineral sin gas.
-¿Podría calentar el plato?
-Más pan por acá.
-La decoración del escenario es muy bizarra, para mi gusto.
-Sí, está enferma, por eso no vino...
-Y entonces, voy a la pileta, y después al sauna.
-¡Oh!, parece que empieza el show.
-Y yo hago Pilates.
-¡Buenas noches a todos... parece que hoy tenemos gran concurrencia femenina!
-Con lo que me gustan las rosas... Gracias.
-Soy vegetariana, sin carne para mí.
-Si te queda grande el reloj, lo llevás a ajustar. ¿Te gusta?
-Las pastas con salsa me dan acidez.
-Sí, se divorció y se casó de nuevo. Linda la chiquita...
-¿Le sirvo otra porción?
-No, retire nomás.
-Todas las mañanas camino una hora, y me hace bien, por las várices, ¿viste?
-Riquísimo el postre!
-Esta música me pone nostalgiosa, a vos no?
-No te escucho, gritá!
-Queremos conocer a los cumpleañeros... A ver... por aquella mesa...
-Ahora, viajes, sexo, comidas con amigos y...
-En esta mesa, una jubilada reciente!
-La homenajeada, al escenario, por favor.
-Malo el sonido... me tortura los oídos.
-No quiero hablar para público ajeno... ¡No!
-Aquella, la de la mesa de atrás, parece un gato con botas.
-Miren la de negro, se posesionó. Hay que exorcizarla, che!
-¡Qué desubicada!
-Vamos a cantar "Chiquitita..."
-Y nosotras, una de Ricky Martin.
-Allá viene la pro-secretaria, y dijo que no podía venir...
-Sacale fotos, ¡qué caraduras!
-La gorda es una show-woman...
-¡Qué divertido!
-Solamente en el estribillo la pegan con las notas.
-¡Ah!, se escabullen disimuladamente.
-¡Gosté muito da festa!
-Son ludópatas.
-Tanto ruido me indispone los oídos...
-¡Otra! ¡Otra!
-¿Queda mal si nos vamos?
-No, me parece que están esperando que vos te vayas primero...
-Nosotras nos vamos también.
Otro día nos juntamos, para chusmear, a tomar un café. ¡No te olvides de las rosas!