miércoles, 22 de abril de 2015

Tango-ajedrez

Los pies tienen memoria de un ritmo casi olvidado. Acepto el convite porque sé que podré llevarlas a todas, con galanura y maestría. Me coloco el sombrero requintado y en un guiño, abrazo a la primera para iniciar una historia completa, incluso con notas a pie de página. Viene otra milonguita de falda negra y tajo profundo y me saca el sombrero para ofrecerme otro y no sé a cuál elegir.
Brazos verdes como pájaros. Desdos de seda y alas que recuperan el vuelo, me dejan su polen flotante en un perfume que subyuga. Hay mariposas de luz y luciérnagas sensuales. Hay pétalos de coral y nácar, danza de contoneos y susurros de faldas y caderas portentosas, cinturas como juncos que se quiebran, se yerguen, se contraen. Hay balanceo de pechos como frutos maduros, seducción en la fragilidad de los gestos, párpados que caen como murciélagos y apagan unos ojos como centellas, que ríen, que provocan...
Las baldosas en blanco y negro se dibujan y se desdibujan en cada vaivén y los sonidos de mi cuerpo las abrazan a todas como la sombra de un árbol protector y luego me dejo llevar por anémonas y algas voluptuosas en un mar ignoto y canto de sirenas.

martes, 21 de abril de 2015

Se llaman Soledad

1- La señora está compungida. Por la mañana no ha podido conseguir lavar sus penas. Ahora mira con displisencia, desde el ventanal, cómo el sol va escondiéndose tras los cerros, como si un vino tinto se derramara sobre la ciudad, como si la emborrachara de rosas y violetas y tiñera de rojo las aguas quietas del lago.
Noches atrás había visto la luna llena y romántica. El insomnio la desveló y había alcanzado a ver más empequeñecida, esa misma luna ocultándose, mientras engullía con fruición. los bombones de sabores sutiles, cuando se quedó sola. Ahora tiene jaqueca. Tal vez le han caído mal, porque ha ido comiendo despacito cada trozo de chocolate, enroscando sus piernas contra el pecho, como para rechazar el vacío de su soledad. No son salobres las lágrimas que bajan lentas. Cuando la migraña le daba punzadas agudas en las sienes, pensaba que el chocolate iría a quitarle el amargor que hace tiempo viene acompañándola.

2- Se contrajo en la cama, hasta reducirse a una mota de polvo. O no tanto, más bien como esa mosca negra que revolotea sobre el vaso de leche blanquísima y descremada, que había olvidado sobre la mesita de luz. Se desperezó, estiró las piernas y se alegró sin saber por qué. Brillantes nubecitas se desprenden como escamas de un cielo añil. Está clareando ya. Todavía coquetean, insistentes, las imágenes que fueron recorriendo todo el espacio, en esa noche que se fue atragantando, como si fuera el carozo de una ciruela un tanto verde.

3- La inmensidad del río está brillante como una daga, al fulgor de la luna. Siente el frío y la humedad del amanecer, hasta que al cruzar a la otra vereda, adivina que el sol pronto vencerá a la neblina, que aún persiste yse queda, pegajosa, en las paredes, en las manos, en las ropas. El aire está caldeado, lleno de presagios, de incertidumbres, de vibraciones y de humo. El alba color limón, por el este, inunda las calles y destroza los bloques de sombras, entre los edificios. Puede ver ahora, que el óxido es un enemigo peligroso que carcome, en silencio, y termina debilitando cada viga, cada columna, cada portal, cada vida.
Una joven demacrada, con ojos de acero ribeteados de un rimmel confuso, una boca desdeñosa y de carmín borroneado y una nariz afilada, desciende a trompicones por la calle desierta, con los tacones en la mano. El sol ya sin timidez, anuncia su presencia rotunda. Ahora la mujer está tendida en la cama, envuelta en una bata descolorida. Tiene la cara lívida. Sobre una silla cuelga, fláccido, el vestido de seda color esmeralda, tachonado de lentejuelas. Sobre la alfombra, el corpiño, la tanga y el antifaz.

4- Por momentos, la parte cómica de su máscara, ríe con desenfado. Y por momentos, la parte dramática se ensombrece. Luego, la mueca de la risa o la de su pesar se distiende. Se apoltrona en su sillón preferido y se enrosca un mechón de su cabello rubio, pensando.
Una ola de hastío la envuelve, blanca como un tul en baldaquino. Llegan apaciguados los sonidos de la calle y se adormece.

5- Una bolsa de cemento y una barra de hierro había pedido. Ella se quedó parada junto al depósito de hierros, sólo unos metros delante del muchacho que la tendió. No tenía ojos en la nuca, pero supo enseguida que una mirada penetrante la estaba desnudando. Ella emanaba olor a sudor, enfundada en un equipo de gimnasia. Él estaba oliendo un aroma que lo atraía, que se entremezclaba con el olor del aserrín y el gasoil, cuando el barrendero pasaba el escobillón.
40/80 era el tipo de hierro que esperaba. -Lo ajustamos con alambre, así -y sus manos se movían con la habilidad de quien conoce el oficio y ella pensaba que eran manos fuertes pero suaves, protegidas por los guantes de trabajo; presentía unos brazos potentes, capaces de ofrecer tiernas caricias... 40/80... Sí, justo el doble; seguramente ella lo doblaba en edad.
Ahora que terminó de escribir y que las musas se fueron, supo que esa inspiración había sido como un orgasmo, un espasmo intelectual que la dejaba exhausta ante la hoja escrita y las sábanas frías.

6- Estoy en baja deprimida sin apetito sin billete nostalgias del amor que ya se fue felpa de la añoranza del mar de linos florecidos de mi infancia y trigales mecidos por la brisa del viento norte hago cuartetas metáforas de angustia y turbias lágrimas mojan las mejillas desteñidas fluyen constantes regulares sobre el cuello y la remera hasta humedecerla agua de borrajas el pincel se humedece y la acuarela no logra reflejar la luz difusa del ocaso tras los rascacielos negros que devoran las sombras cubriendo como un tul de luto y lloro perlas en el desierto.

7-Una mujer de hilachas indecentes camina con desgano y ve los millares de gnomos juguetones que edifican torres frágiles, pero resplandecientes. Quiere atraparlos para contagiarse ella también de esa alegría, pero sus manos huesudas y artríticas no llegan y el castillo de sus sueños se derrumba. Ya con más decisión, ahora se abre camino por entre una inextricable maraña de ruidos chirriantes y telarañas, como el roce continuo de una tiza sobre un espejo polvoriento. Los reflejos de los coches, las calles, el bochorno citadino, todo parece cortarla en fragmentos regulares, como si anduviera entre virutas gruesas de metal. El sol le gotea en la cara, a través de las alas de su sombrero Panamá, harapiento y sucio. Ella necesita que el sol le haga cosquillas, como si una mano le acariciara la espalda gibosa, o le diera coscorrones en loas ondas desgreñadas de su pelo grasiento.
El ulular de una sirena que se acerca, la detiene en el borde de la acera.

8- Se incorporó de un salto y el espejo le devolvió un rostro plácido. Unos ojos azules casi grises de océano profundo, anticiparon una sonrisa de labios breves. Luego la interrogó.
-¿Y si te quedaras un instante quieta y sola?
-¿Si te abrazaras fuerte las rodillas contra el pecho para sentir que te quieres y te admiras?
-¿Si dejaras de escudriñarte esas líneas de expresi´`on y las señas indelebles que contornean tu mirada?
-¿Si dejaras de juzgarte por esas arrugas, y en cambio, pudieras amar cada fragmento de tu piel?
El espejo prosiguió afirmando. No eres esa mosca negra y repugnante que zumba a tu alrededor. Eres grande en tu dicha, fuerte y de firmes trazos convincentes, de mandíbula intrépida, y lo que es aún mejor, de tus labios delgados pueden salir palabras maravillosas. Palabras suaves, para arrullar. Palabras dulces para enamorar. Palabras impertinentes, para exigir. Palabras nuevas, para sorprender...
-¡Ponte guapa, mujer! Si estás más sana que una manzana -El espejo es su pitonisa. De un palmazo aplastó a la mosca cargosa y partió.

jueves, 26 de marzo de 2015

Rap del inmigrante

Habíamos corrido como tres delincuentes perseguidos; el corazón galopaba, casi al punto de reventar las musculosas. Estábamos a salvo, encerradas en el baño de un bar, a la vuelta del Empire State, "donde comienza lo mágico", decía el slogan. Creo que estábamos en la 9º Av. y 34ºst.
No éramos culpables de ningún hecho inapropiado, sólo había sido un malentendido, como una comedia de enredos que comenzó en el Central Park, justo enfrente del edificio Dakota, donde habían asesinado a John Lennon. Al fin encontramos el lugar, pero nos faltaba visitar el "Garden Strawerry Park". Cuando uno es turista, los anfitriones tratan de ayudar en primera instancia, siempre con la segunda intención de conseguir dinero a cambio.
Un muchacho se acercó. Le preguntamos. "Information is money" -nos dijo con una sonrisa amplia y franca, de dientes blanquísimos. Pero inmediatamente aclaró que lo que buscábamos estaba a nuestras espaldas. Y vimos, alrededor del círculo, gente portando flores, otras cantando las canciones de Los Beatles, algunos vestidos como Lennon, pantalones Oxford, camisas floreadas, chalecos oscuros y los inconfundibles anteojitos. Todo era una manera de homenajear al ídolo, que aú permanecía en sus corazones con su música y su poesía. "Imagine" un mundo mejor. 
Hassam, el muchacho servicial ofreció sus servicios (valga la redundancia) para llevarnos con su pedicab, esa especie de vehículo a pedales para trasladar a dos personas paseando por la ciudad. Nosatras pensábamos ir en metro al Empire State. Nos tentó con la idea de ver la ciudad desde el pedicab. Necesitábamos otro carruaje porque éramos tres, por eso Hassam, un tunecino inmirante que hablaba un inglés de ése que se aprende en las escuelas, llamó a su amigo, Tao, vietnamita. Pactamos el precio, que nos pareció conveniente.
María y Fernanda iban con Hassam, y yo, con Tao, quienes, adem´`as de acarrearnos, nos guiaban en el recorrido.
-¿Do you like? - ¡Ok, its beautiful!
-Take photos! -y se detenían en Circus Line. Por la 5º avenida nos mostraban las grandes tiendas, las más caras del mundo. Ésta es Broadway, y allá, el Hotel Internacionalo, de cincuenta pisos, donde los visitantes descienden en helicóptero.
-Cuando vuelvas la próxima vez, yo estaré viviendo en aquel piso, ja! -me decía Tao.
-¿Are you ready? -nosotras les respondíamos con el pulgar hacia arriba y continuábamos zigzagueando por la 5º avenida. Unas veinticinco cuadras con todo el glamour.
Pero antes de llegar a Empire State, sus rostros, antes sonrientes, galantes, anfitriones, se tornaron tensos, hoscos y de mirada furibunda. No habíamos imaginado que todo había sido una representación.
En el punto de arribo, cuando le extendí el dinero a Hassam para pagar el viaje de las tres, no lo aceptó y comenzamos una discusión acalorada, porque lo que él pedía no era lo pactado. Era más. Hasta hubo amenazas de llamar a la policía, de ambas partes.
De las tres, Fernanda era la que mejor hablaba el inglés. María, una brasilera radicada en Argentina, sólo se expresaba en portuñol, y yo insistía. ¡Take de money, please!
-¡You are a lier! -gritaba Fernanda, y yo pensaba "Pero si Hassam no es abogado", confundiendo los términos. Ella le decía mentiroso. Mientras, María, atendiendo a nuestros consejos, se tiraba en la vereda de la mismísima 9º avenida y clamaba: "Un médico, por favor", pero nadie acudía en nuestra ayuda.
Insistía con pagar y Hassam me interceptaba con los ojos furiosos, y yo gritaba que me deje en libertad, e ir adonde estaban mis amigas, en la vereda de enfrente. Los orientales pasaban a pasos cortitos, raudamente, indiferentes.
-The police is coming -decía, pero yo percibía en su mirada una pizca de amenaza y un tono de falsedad. Lo comprobé cuando finalmente me pidió diez dólares más., "And then, stop" -dijo. No le di más, pero tomó el dinero y escapó.
Y ahí estábamos, en el bar de la 34ºst, frente a una taza de café para calmar la histeria y esa mezcla de emociones que nos hacía reír como poseídas, o llorar, alternativamente, como viudas de duelo.
Esa tarde no subimos los ciento ocho pisos del Empire State. Una vez más calmadas, nos preparamos para ir a ver "Chicago". Broadway de noche es un espectáculo deslumbrante, en ese panorama urbano visto desde la amplia escalinata del Lincoln Place, especialmente iluminada con millones de lámparas, donde nos sentamos a observar. Al salir del teatro, casi sufrimos un infarto triple, cuando vimos estacionados una cantidad incontable de pedicabs.
-¡Ahí está Hassam, seguro! -gritaba María. Entonces, nuevamente corrimos con desesperación hasta la boca del metro. En 23ºst y 8º Av., Chelsea nos esperaba, especialmente el alojamiento del Sacred Heart. Había que llegar antes de las 23, para no encontrar la puerta cerrada y el timbre inhabilitado.


-¡No! ¡No! -grité y mi alarido conmocionó las paredes del albergue. Mis amigas me rodearon y yo, sudorosa y con la mirada perdida en la nebulosa del sueño y la vigilia, me dejé proteger, mientras se iban, lentas, las imágenes que me habían atemorizado. Todos los pedicabs de New York me perseguían. Todos eran Hassam, de trajes rojos, de ojos diabólicos, que bajaban sobresaltados por las escalinatas del metro, horquillas en manos y las colas mefistofélicas flotando por el aire. Todavía ahora retumba el rap que cantaban:

¿Por qué? ¿Por qué?
Si sólo somos inmigrantes. 
Ciudad de metal que nos persigue.
Jungla urbana desconfía y prejuzga.
¿Por qué? ¿Por qué?
Si sólo queremos abrirnos paso en la maleza
y no añorar más nuestra tierra.
¿Por qué? ¿Por qué?
Si es más, selva de cemento,
queremos que nuestros hijos 
crezcan libres, aquí.
La libertad. La libertad.
Eso queremos
¿Por qué? ¿Por qué?

De palabras y reflexiones

Al momento de escribir el título me vino a la mente aquella canción italiana "Parole, parole, parole..."que hablaba de amor, cuando sólo hay palabras. Este texto nada tiene que ver con el amor ¿Y qué son las palabras? Son maneras de decir y de expresar emociones, sentimientos, hechos.
Juego con las palabras, cambio sílabas, altero vocales y consonantes (suerte-muerte) y surgen palabras que significan diferente. Y cuando leo, si no conozco un vocablo, analizo la palabra madre y la desgloso en las derivaciones, o deduzco su significado por el contexto, y si no lo logro, recién en ese momento uso el diccionario. Y de paso, aprehendo la correcta ortografía.
Fumo proviene de humo y derivamos entonces fumar, disfumar, esfumar, ahumado, humoso... En los contextos actuales se utilizan algunos vocablos para disimular, crear confusión, o como dicen en la jerga judicial "embarrar la cancha". En el arte, cuando no se quiere dejar ver con claridad, sugerir y en los discursos elípticos, para nada decir o para no comprometerse.
Esta introducción me pone en tema con los conceptos de Semiología, Semántica y Etimología, así como el origen del castellano y la evolución de la lengua. Todos ellos, asuntos que debo abordar en este escrito. Dependiendo de los signos lingüísticos, tendremos distintos significados, los que provienene generalmente del origen de las palabras, y de la evolución de la lengua, respectivamente. Aunque, debemos tomar en consideración, sin olvidarnos, los lenguajes no verbales, los gestos, las miradas y la postura corporal para reconocer la actitud del hablante, según enuncie, requiera, admire, desee, dude u ordene. 
Una palabra que se ha quedado en el estadío de las lenguas romances, como la catalana, es el verbo currar, que precisamente significa trabajar en ese idioma. En la lengua general del castellano argentino, sin embargo, la usamos para trabajar con actitudes "non sanctas". Supe que en el lunfardo, que tiene muchos vocablos del italiano y de las otras lenguas romance, se ha usado con ese sentido. Fijémonos cómo incide según el contexto socio-cultural para darle una significación específica. En el ámbito de las cárceles o los bajofondos, en los escenarios empresariales y políticos, es moneda corriente, para expresar justamente el no-trabajo, ése que se utiliza para ascender a esferas cada vez más altas y sofisticadas. Sin embargo, consideramos el trabajo digno, para lograr objetivos claros y auténticos, como ser ganarse la vida y/o la supervivencia, que proviene de lavoro, labor, "laburo".
Veamos ahora dos opciones, siempre jugando con los signos, los conceptos y los contextos. Si currar es trabajar, también es no trabajar, que en este último caso engloba una palabra grave, gravísima: corrupción.
¿Qué tal si armamos un neologismo como curropción? Corrupción versus curropción. Fijémonos, entonces, cómo es importante el contexto histórico-social y no naturalicemos el hecho de emplear eufemismos y giros expresivos descontextualizados. 

                                                     Fariña M. 3º C - Lengua y Literatura.

P.D.: Profesora, discúlpeme si no me he ceñido estrictamente a las consignas, pero es lo que salió, en estos tiempos confusos. 


miércoles, 25 de marzo de 2015

AEROPUERTO

Estaba en la sala de espera de un aeropuerto, no importa cuál, porque no viene al caso. La cuestión es que era la hora en que el personal de maestranza, pasaba eos escobillones anchos, a grandes zancadas, para dejar lustrosos los pisos.
El muchacho que barría iba y venía al lado del sillón donde yo esperaba. Lleva los auriculares sueltos, colgando sobre los hombros. Oía su música y la compartía con quienes quisieran escuchar. En cada pasada, fragmentos de un tango con ritmo flamenco.

Con el pucho de la vida
apretado entre los brazos...
Se alejaba hacia un extremo, y al volver...

La vez que quise ser bueno,
en la cara se rieron...

Sonó su celular y se detuvo frente a mí para contestar y así pude escuchar otros versos:

Aprendí todo lo bueno,
aprendí todo lo malo.
Sé del beso que se compra, 
sé del beso que se da...

Continuó luego su trabajo y al pasar de nuevo:

Además corrés el riesgo
que te bauticen gil.

Me quedé pensando en los caminos que recorremos. Algunos, tortuosos; otros, llanos y en la planicie; otros son en escalada y hay que trepar en un desafío para llegar a la cima. A veces, hay que tomar decisiones, ¿por dónde sigo? ¿Tomo el de la derecha, o hacia el otro lado?
Supe que los errores son fuente de aprendizaje, pero ¡cómo cuesta superarlos y no volver a repetirlos! Otras veces, nuestras vidas siguen caminos paralelos, que van indiferentes y solitarios y casi nunca se encuentran, o tal vez, se entrecruzan en experiencias parecidas, y es necesario acompasar el ritmo para transitar juntos. Dos espíritus. Dos vidas. Dos individuos. En otras ocasiones, las circunstancias, el egoísmo, los deseos, los miedos, la falta de coraje, o el exceso de valentía, nos vuelven a desencontrar.  



domingo, 2 de noviembre de 2014

40/50

Una bolsa de cemento y una barra de hierro habían pedido en el corralón. Los vehículos estacionaban en fila para que los operarios cargaran fierros, chapas, alambre, tablones, tanques y toda clase de materiales para la construcción. Pasaban presurosos mamelucos con manos enguantadas y el controlador de carga. Era la hora febril del mediodía, minutos antes de cerrar.
Ella se quedó parada junto al depósito de hierro, sólo unos pasos delante del muchacho que los atendió. No tenía ojos en la nuca, pero sabía que una mirada penetrante la estaba desnudando; tenía puesto un equipo de gimnasia y, seguramente, emanaba olor a transpiración, y el muchacho estaba oliendo un aroma que lo atraía. Se entremezclaban con el olor del aserrín y el gasoil, cuando el barrendero pasaba el escobillón.
-¿Es tu hijo?- le preguntó de repente.
-Sí.
-¿Y tu marido no te ayuda?
-No tengo marido -y se dio vuelta sonriendo, para ver al muchacho de aritos enfundado en un mameluco azul que ostentaba algunas manchas de grasa.
-¡Qué pena! -se lamentó -¿Y vos salís?
-No.
-No te creo, ¿no vas a bailar? ¿no salís con tus amigas, siquiera?
-Algunas veces sí -respondió levantando los hombros, con una mezcla de desolación y picardía.
-Te voy a invitar. ¡Qué lindos ojos! ¡Y qué fuerte que estás! -se apresuró a decir y ella sintió un ramalazo de calor, que la ruborizó -Dame tu teléfono -insistió. Ella buscó en su cartera un papel y una birome y se conmocionaba, se confundía y se demoraba en esa faena, mientras pensaba que el chico podría ser su hijo -¡Apurate, que ya viene para cargar!- La birome no aparecía y ella se debatía entre las dudas, el tumulto de sensaciones y el orgullo de sentirse todavía una mujer apetecible.
-La ajustamos con alambre, así -sus manos se movían con la habilidad de quien conoce el oficio y ella pensaba que eran manos fuertes pero suaves, protegidas por los guantes de trabajo; presentía brazos potentes, capaces de ofrecer tiernas caricias, cuando el muchacho le tiró un bollito de papel, que la sorprendió, porque no vio cuándo lo escribió.
-No te vas a rrepentir -nuevos rubores le hacían transpirar las manos, mientras leía el número, que no se animaba a memorizar. -¿Qué pasa, me tenés miedo? -preguntaba, mientras controlaba que el capataz de la planta no lo viera, ni el hijo intuyera algo.
Ya en la camioneta, saliendo y maniobrando frente a caja, le alcanzó a decir por lo bajo: "mandame mensaje, que después te llamo"
Un remolino de emociones la turbaba mientras regresaban con la carga; hacía rato, demasiado, que no la halagaban. Desde que había conocido al otro, pensó, pero de una manera muy diferente, que primero sería sólo una aventura, pero duró años, hasta que el cuerpo del amante se desmoronó tan de improviso, y lastimosamente. Ahí estaba, con el papelito abollado, no se decidía a tirarlo, y mucho menos, a llamar.
40/80 era el tipo de hierro. Sí, el doble justo; seguramente ella lo doblaba en edad, aunque no en esas mismas proporciones... pero da igual ¿Lo tiro o no lo tiro?
Ahora que terminó de escribir este relado y que las musas llegaron, supo que esa inspiración había sido como un orgasmo largamente deseado. Un espasmo intelectual que la dejaba exhausta ante la hoja escrita (ahora sí había encontrado la lapicera) y las sábanas frías.
El chico del mameluco, aretes y guantes de trabajo estaría ahora en el corralón, intentando seducir a otra mujer de mediana edad, de buen aspecto y condición, y sola, en ese mundo de hombres rudos y resueltos. Parece que a él le gustan así, maduras y experimentadas, aunque tímidas pero sensuales. El capataz seguiría observando al mameluco que seguía en sus andanzas.

viernes, 17 de octubre de 2014

Pinceladas patagónicas

Me llamo Perla y llegué a la Patagoniapara hacerle el honor al nombre justo el día que comenzaba el proceso... viajé dos días seguidos en tren me había acostumbrado el ojo al paisaje amarillento de comienzos de otoño y los ojos azules se tornan grises cuando cambia el tiempo y sí las nubes cubrían casi todo el entorno y sólo se veían esas pertinaces flores amarillas que crecen entre los cantos rodados y en las grietas de las piedras como si fuera la última exhalación de esas que son para mirar únicamente porque emanan un olor fuerte y acre y si las tocás te ponen las manos pegajosas porque no se deben cortar ojo y se sacudían por el viento de improviso la estación se había teñido de verde oliva nada entendría porque durante el trayecto mi mente estaba ocupada con la huída y la carta dejada alos viejos que ya a esas alturas se habían enterado y estarían sufriendo porque había escogido un nuevo horizonte de amor y una nueva vida profesional traía en el equipaje el flamante título y las esperanzas de ese amor largamento forjado y vinieron los caheos cuando el soldado vio el documento y mi nombre pensé que él estaba elucubrando que podría reinar por años en el edificio que es tocayo pero sólo tiró al tacho de la basura para ser quemado el libro que llevaba ése que recomienda cómo leer al Pato Donald que no sabía que también estaba prohibido y la revisión exhasustiva de los bártulos y las miradas sospechosas sobre la piel blanca que contrastaba fuertemente con los de los pobladores que observaban con la exhasperante pasividad que da la calma y la aridez del paisaje  Ah! lo que más extrañaba era no ver el verde de la llanuray el fluir de las aguas corriendo mansas allá el viento constante todo lo secaba y los cardo-rusos rodaban a merced del viento un tratamiento facial hacía el arenado en seco sobre la piel y para proteger los ojos unas gruesas antiparras y la nariz cubierta con un pañuelo parecía una terrorista chiíta cuando iba a trabajar a la escuela agarrada de las paredes para que el viento ululante-exasperante no me estampara de una vez o correr hasta la vereda de enfrente a la estación de tren de Plaza Huincul para que no me degollara el cartel metálico de chapa y pintura que se bamboleaba peligrosamente terminé de cruzar y cayó primero uno y después los otros álamos uno a uno cuando había logrado adelantarme y los gatos petroleros seguían impasibles subiendo y bajando y una podía pensar que abajo muy abajo fluían ríos de petróleo negro espeso circulaban las camionetas petroleras y los obreros del gas con sus mamelucos engrasados las profesoras de la escuela técnica esposas de los directivos me observaban desde sus hombros altaneros la ropa que llevaba que no era lujosa como la de ellas y nunca acepté ir a tomar el té a sus casas porque había escuchado cómo criticaban al día siguiente en la sala de profesoras el mantel y la vajilla que con la que servían el té en la casa de la anfitriona las tacitas cachadas viste y las servilletas que no hacían juego con el mantel ¡ah! me acuerdo que cuando tomábamos exámenes de Lengua tenía que conformarme con poner sólo  mis iniciales porque en el único renglón para completar los nombres del tribunal ya lo habían llenado con los dobles apellidos de rancia estirpe salteña o el apellido de casada que recordaba los ancestros españoles y alemanes después del "de"y yo estampaba las iniciales de soltera solamente ya me había acostumbrado al disfraz de profesora trajecito oscuro de pollera y blazer nunca pantalones porque estaba prohibido y después correr a ponerme cómoda e ir hasta Filii Dei para ver el único chorrito de agua que brotaba a borbotones era agua cliente llena de vapor con olor a azufre y entonces añoraba los ríos de mi litoral y el verdor de sus campos y los gatos seguían subiendo y bajando había también gatos en los prostíbulos de la ciudad petrolera que no chirriaban pero sí maullaban llorando y compadeciéndose de esa vida que les tocó vivir y las lágrimas de cocodrilo le corrían el maquillaje grotesco y después oía a la madrugado los gritos los frenazos botellazos y alaridos por la Av. del Trabajo cuando terminaba en batahola la fiesta de la noche y los ingenieros borrachos volvían al hotel Alfa para descansar unas pocas horas antes de sacudirse la resaca y reiniciar la tura tarea en la construcción del acueducto o las quinientas viviendas o en los campos petroleros y el viento... el viento que todo lo arrasaba hasta la juventud se ajaba en los rostros curtidos que ocultaban quién sabe qué vida anterior en las diferentes provincias y el chofer de la empresa no podía superar las pesadillas que cada noche volvían a torturarlo cuando se despertaba gritando y sudoroso porque retornaban los aullidos de los cuerpos amarrados con piedras grandes que eran arrojados al lago San Roque cuando él hacía la colimba y después nació mi hija en la foto de presentación en sociedad se ve la barba frondosa y la pipa del papá y yo jovencita atrás del Pozo Nº 1 y el Citroën azul contrastando con el panorama gris y otra foto del zanjón que quedó luego del aluvión y la soldada La Pasto Verde y ahora me acuerdo de la primera estampida social y Teresa ROdríguez... y yo tenía miedo que me roben la beba o que se quedara sin madre por aquellos tiempos ahora ya no sueño con aguas turbulentas y cenagosas ahora sueño con aguas cristalinas que dejan ver el fondo azul y hago la plancha y veo el cielo también azul y soleado y la montaña con toda la lujuria de colores y hablando de agua tendo mucha sed porque tengo seca la garganta. Un vaso de agua, por favor.

-Bien, por hoy hemos terminado. Nos vemos la próxima sesión del jueves. La espero.